Cada 5 de agosto llega la Virgen Blanca con todos los honores y títulos. Además de Blanca, es de la Nieves e incluso Santa María la Mayor por su templo de Roma, el más grande. Pero la feria de Vitoria, que lleva su nombre, sigue desaparecida en un mundo en el que los humanos parecen decididos a cargárselo todo.
Ha pasado ya mucho tiempo desde que los blusas protagonizaban sus días de toros y tenían una de las ferias más conocidas de España. No sé ya los años que hace. Creo que 10. Este dato no aporta más gravedad al silencio aterrador que significan estas ausencias. Mejor dicho: terribles y antidemocráticas decisiones. Era la antesala de los toros del verano para vascos, prólogo de entonces grandes ferias como San Sebastián y Bilbao, una muy venida a menos y la otra hacia abajo.
Vitoria no era de las ciudades más importantes pero sí de las que defendían lo suyo. Ejemplo claro el lugar que ocupa, bastante destacado, en fútbol y baloncesto. Mucho dirán para los santos deportes, divinizados por este loca sociedad hasta el éxtasis, y nada, también dirán, para los malditos toros.
Pueblos equivocados y amantes de prohibir. O sea, de la dictadura. Pero felices, supongo, en su cerrazón mental. Pasa el tiempo y la barbarie antitaurina parece consolidada, pero no hay que perder las esperanza. ¿Cuántos años padeció San Sebastián sin toros? No está precisamente para tirar cohetes, pero está, con la que dicen la Semana de 3 días, no de 7 ni 8, gran invento de los listos que tanto abundan. Quizá lo de Vitoria sea más difícil de remontar, pero en un mundo poblado de piraos nunca sabe.
Lo peor no es que no haya toros en Vitoria, sino que el mundo taurino no ha defendido nada limitándose a aceptarlo. Lo mismo que ante las poblaciones a las que dejaron sin toros, no por los votos de las urnas sino por la imposición, a la brava, eso sí, de miserables prohibidores.
Lo que pasó en Cataluña y sobre todo en Barcelona, por su importancia fue tremendo, aunque después se revocó pero la parejita despreciable de nietos de gran Don Pedro dio la espalda. Habrá maldecido el abuelo miles de veces desde arriba a estos miserables como habrán hecho y hacen los humanos de buena voluntad desde abajo. Y amantes de la libertad y la democracia. Y del respeto al pueblo.
E igual en La Coruña, con La, donde retornaron los toros con la plaza nueva, pero duraron poco entre la mala gestión y los enemigos de la causa. Otro ciudad importante, capital fuerte del veraneo, que perdió la fiesta taurina y sin que los del negocio de los cuernos movieran ni uno de los suyos.
Y en todos los demás sitios de desapariciones, pasó lo mismo. Tragando y la callada por respuesta.
Es verdad para ser justos y objetivos, como hay que ser, que en otras partes de la actual Expaña, antes España han vuelto los toros o se han reforzado o puestos de moda. Y hay que insistir en la importante y numerosa juventud nueva que tenemos.
Pero el caso de Vitoria es sangrante. Otro año de panorama negro cuando llega la Blanca.





