Que se sepa lo que ingresa una plaza una tarde de toros y que los honorarios de toreros, ganaderos y empresarios se adapten a la recaudación. Que nadie se quede por cobrar o le cueste dinero torear. Que se perciba más cuanta más gente ocupe los tendidos. Que el caché sea mayor para quienes más público atraigan y que las entradas para verlos suban su precio respecto a los carteles más “baratos”. Posiblemente sea una utopía más de un mundo taurino anclado en un arcaico y obsoleto modus operandi.

Tiene narices que José Tomás y Morante, dos de los toreros con más feligreses, dos de los que más gente consiguen hacer peregrinar, dos de los que más influencia podrían ejercer en los medios de comunicación han decidido jugar fuera de competición, en una liga paralela cargada de exigencias pero con pocas obligaciones.

La nueva televisión pública de la Comunidad Valenciana, ya antes de iniciar sus emisiones, ha demostrado un claro talante censor y represor, anunciando que en ningún caso habrá toros en su programación. Porque sí y porque a ellos, a los que mangonean el juguete, no les interesa. Y de un plumazo dejan sin su espectáculo preferido a millones de valencianos. Viva la democracia.

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