Sube el número de profesionales taurinos y baja la cifra de espectáculos organizados. Hay menos ganaderías y toros pero más escuelas de tauromaquia y novilleros. Más población activa y menos trabajo; menos materia prima y más postulantes. Los datos son tan ilógicos como preocupantes.

  El próximo día 22 de diciembre se estrena en los cines españoles la película Ferdinand. Una cinta de animación en 3D, producida por Blue Sky Studios y animada por 20th Century Fox , basada en el libro Ferdinando el toro, de Munro Leaf. La película está dirigida por Carlos Saldanha, y protagonizada por las voces en el doblaje de actores como John Cena, Mark Valle, Kate McKinnon, y Gabriel Iglesias. Este estreno pone de actualidad esta celebrada obra de Munro Leaf, un escritor nacido en la localidad estadounidense de Hamilton, estado de Maryland, en 1905, quien se graduó en la Universidad de este estado en 1927 y luego en la de Harvard. Autor de literatura infantil, escribió e ilustró cerca de cuarenta libros, pero ninguno con el éxito obtenido por Ferdinando el toro. Su segundo libro más popular fue el titulado Manners can be fun. El primero trata de un toro joven llamado Ferdinando. Mientras los demás toros pasan el tiempo jugando y dándose topetazos, Ferdinando no. Prefiere estar tumbado entre las flores, a la sombra de una encina. La preocupación inicial de su madre ante esta actitud da paso a aceptar las peculiaridades de su vástago, al que ve feliz. Ferdinando sigue creciendo, y mientras sus compañeros se van haciendo más fieros y ansían participar en las corridas, él continúa tumbado, oliendo flores. Un día aparecen varios hombres a escoger al toro más fuerte de la ganadería. Ferdinando no tiene ningún interés en ello y va a tumbarse, …

Ya hay ganaderos que no sacan el caballo de picar en las tientas. Si no se recupera el tercio de varas la tauromaquia perderá fundamento y dará un paso hacia un cambio sin retorno. Si el picador se va tras él se irán las banderillas, y luego la puntilla, y después el estoque. Y la tauromaquia, si no desaparece, será otra cosa, pero no la tauromaquia.

A pesar de que la tauromaquia es una actividad extraordinariamente antigua, sorprende que a lo largo de todos sus siglos de existencia nadie del sector se haya preocupado por crear un organismo propio y desligado de los poderes políticos dedicado a legislarla de forma universal y definitiva con independencia del lugar donde se lleve a cabo y de quien gobierne en cada momento y lugar. Así, se producen situaciones como que dos Comunidades Autónomas españolas estén redactando sus propios Reglamentos Taurinos, o que algunas instituciones pretendan regular el toreo con la intención de acabar con él.

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