El diario El País apunta, aunque todavía no dispara. Apunta hacia hacer desaparecer las crónicas taurinas de sus páginas secundando el interés de los lectores por la retirada de la información sobre toros. Quizá, para ser exactos, lo que ocurre es que hay una total falta de interés de los taurinos por manifestar su voluntad de que el tema se mantenga. Para que El País no acabe disparando haría falta que el sector taurómaco se activara y reclamara la atención que merece. Por el momento, sólo se ha movilizado la Unión Taurina de Abonados de Valencia, con Agustín Colomar al frente.
Comienza el año y quiero recordar un concepto que no por sabido no precise volver a insistir sobre el particular. Que la fiesta de los toros es algo arraigado de manera fortísima, y yo creo que sin que nadie pueda arrancar esta pasión, en nuestra sociedad -y mucho más en nuestro subconsciente colectivo, por mucho que las nuevas formas de entender lo que llaman política pretendan desesperada y vergonzosamente lo contrario- es algo palmario. Notorio. Obvio. Evidente e indiscutible. A pesar de lo que en contrario opinen las huestes de Podemos, Compromís y similares.
Los estatutos de RTVE recogen su obligación de emitir programas diversificados de todo tipo de géneros. Hace unos años el ente público se comprometió a retransmitir, al menos, dos corridas de toros por año, pero ni se ha cumplido la palabra ni nadie ha reclamado. Parece que con el mantenimiento semanal de Tendido Cero en la parrilla, la tele se justifica y el sector taurino se conforma.
Son estos días de aparente tranquilidad, llenos de deseos de amistad y felicidad para todos, amigos, familiares, conocidos y hasta para el que pasa por allí. Es lo que tiene la Navidad. Aparte de la lotería, las innumerables cenas y comidas fuera de casa, la publicidad con elfos, renos, papás noeles y demás parafernalia que cada vez más nos alejan del verdadero espíritu de estas fiestas, se sea o no creyente...
La intención es ser positivo, arrinconar malas intenciones y peores augurios para la tauromaquia y felicitar las fiestas navideñas con el mayor optimismo posible. Pero la realidad me devuelve a la cruda realidad, esa en la que los ataques contra los toros se suceden y la falta de unión y de acción del entramado taurino continúa imperando y dibujando un horizonte desalentador.
Un año más, los responsables de la plaza de toros de Sevilla, santo y seña de la tauromaquia, uno de los escenarios más emblemáticos para el mundo de los toros y referencia obligada para aficionados, curiosos y hasta legos en materia taurina, han sorprendido a propios y extraños con el cartel que anuncia y sirve de imagen a la temporada próxima en La Maestranza.






