Más de 40 años de amistad. Cientos de viajes. Es difícil aceptar la pérdida de un amigo entrañable como era Paco para mi. Tenía noticias de sus hijas Begoña y Maria José, de su delicado estado de salud.
Francisco PIcó.
Cáncer de pulmón y sin posibilidad de aplicarle quimioterapia por haber invadido su cuerpo la temible metástasis. Insisto, viajes continuos. Presencia en otras ferias. Al principo en su coche. Más tarde en el mío. Castellón, Alicante, Játiva, Gandía, Boicarente y para finalizar Algemesí.
Miles de horas de charlas. Paco era buen aficionado. Gran valenciano. Entusiasta fallero. Excelente persona. Pocas veces he visto a un hijo que prodigase tantos cuidados a su madre a quien también conocí. Sus hijas, que han imitado a su padre en ese aspecto, me lo confirman y también Pepa, su esposa separada, quien no ha querido faltar en las exequias.
No me resisto a omitir las tardes en nuestro Algemesí del alma. Compartiamos localidad en la Sala de Prensa del Ayuntamiento, junto a las cámaras de televisión. Nos acompañaba la redactora gráfica Danielle, esposa del crítico taurino de Nîmes Jean-Claude Laurent-Raze, quien en vísperas de finalizar el ciclo taurino portaba una botella de champagne francés. Un día, se me fue la mano y prácticamente me bebí la totalidad del espumoso líquido. Me dirigí a Danielle y le dije: “On s’est payé la bouteille, Danielle”. “Pas moi, Paco. Seulement toi. De toutes façons, félicitations, tu sembles un vrai français.”
Al rato subió Paco Domínguez que había ido a agenciarse los bocadillos de la merienda. “Paco -me dijo- no me digas que te has bebido la botella entera”.
“Sí, Paco. Se m’ha anat la mà. Disculpa“. Paco Domínguez se echó a reir y así estuvo un buen rato. Ese era Paco Domínguez, comprensivo, amable y entrañable amigo.
Dios te guarde Paco. Nos vemos en la eternidad.









