La experiencia es un grado, se dice de ella, de la experiencia. Acumular años en la vida es cargar en el currículo personal vivencias; de las que siempre se recuerdan con una sonrisa y de aquellas que nos humedecen los ojos al evocarlas. Pero es la vida. La vida, en fin, la maduran nuestros mayores. Y a ellos, a su voz, a su conocimiento hay que acudir para ganar y atraer esa sensibilidad que a veces nos falta.
Salvador Boix, mi entrañable Salvador, está rondando ya los 90 años. Ayer me lo llevé a la radio, a CVRadio (94.5 FM), para charlar con él a la vista del micrófono, pero como si el micrófono no existiera. Y fue un gozo escucharlo. Su exquisita educación, su fina ironía que en ocasiones saca a pasear, su erudición taurina –y de la vida-, su memoria histórica, de lo taurino, de lo futbolero, de la vida misma, de la Valencia de sus años de juventud…nada en él es banal.
Salvador Boix es un gran aficionado a los toros. De los que no alzan su voz en las tertulias, pero de los que dejan constancia de su sabiduría y personalidad. Y fue, en sus años mozos, árbitro de fútbol. De élite. Como juez principal no llegó a Primera División, pero como linier en activo vivió muchos partidos en la máxima categoría del fútbol español. Algún derbi Barça-Madrid, por ejemplo, con anécdotas que cuenta siempre con su extraordinaria memoria, su estilo tan sencillo y con una sonrisa evocadora de aquellos tiempos. Claro, que siendo árbitro de fútbol vivió experiencias de todo tipo. Y su madre, cada vez que regresaba a casa después de un partido la recibía con la misma pregunta: “fill, t’han donat molts records hui per a la mare?”.
Hace pocos días, en el Congreso Nacional de tauromaquia, le homenajearon por su trayectoria. Le entregaron un trofeo. Bien merecido.
Ayer, digo, me lo llevé a la radio. Y sé que disfrutó, como yo también gocé de su presencia, de su memoria y de su compañía. Luego, al acabar el programa, nos fuimos caminando, poco a poco, hacia la plaza de toros. Más recuerdos. Más evocaciones del pasado. Sin nostalgia, pero siempre con el recuerdo de unos años ya lejanos en el tiempo. Pasamos por la calle San Vicente, donde nació, y sus recuerdos de infancia afloraron. Poco a poco. Caminar lento a sus casi 90 años. “En lo que jo corría quant era jove…”. Ayer me lo llevé a la radio. Volveré a invitarle. Y volverá a la radio. Y volverá a ser un placer escucharle.









