Valencia, 12 de marzo. Tercera de feria.
Toros de Fuente Ymbro, desiguales de presentación y poco juego. El quinto fue el más manejable.
Juan José Padilla (de botella y oro), vuelta al ruedo tras aviso y oreja.
Curro Díaz (de grana y oro), ovación y oreja.
Manuel Escribano (de azul pavo y oro), ovación con aviso y ovación.
De las cuadrillas destacaron Pirri y Antonio Manuel Punta.
Media entrada.
Paco Delgado
No fue buena la corrida de Fuente Ymbro, desigual de presentación, con exceso de mansedumbre y poca casta, y tuvo que ser el percance sufrido por Juan José Padilla lo que diese el titular de este tercer festejo del abono fallero. Siempre se ha dicho que las cornadas son las medallas que lucen con orgullo los toreros y en este sentido, el de Jerez aumenta su nómina y crece el mapa de cicatrices que surcan su cuerpo.
Padilla ya dio una vuelta al ruedo al acabar con su primero, un toro al que no se picó apenas y que llegó a la muleta rebrincado y sin dejar estar cómodo a su matador, que sufrió varios desarmes y sólo en el tramo final del trasteo, y a base de efectismos, pudo remontar.
Se lució al quitar por faroles al cuarto, haciéndose aplaudir de nuevo al devolver la cortesía en banderillas a Escribano, que se vio apurado a la salida del segundo par. El toro, incierto y tirando continuos cabezazos, le acabó echando mano en un derrote seco al inicio de su faena de muleta y llevándose una paliza considerable y dos cornadas: una en el muslo derecho con dos trayectorias, y otra en el tórax que llegó hasta la axila izquierda, no pudiendo pese a sus ganas y con un torniquete en la pierna herida, si no matar ya al astado, lo que para la gente fue motivo suficiente para procurarle una oreja.
Se protestó de salida al segundo por presunta lesión en sus cuartos traseros, aunque lo bien cierto es que llegó al último tercio boyante y con cierta claridad, permitiendo a Curro Díaz estar a gusto y confiado, luciendo al torear en redondo, con temple y gusto. Le costó más por el pitón izquierdo y por ahí el de Gallardo ya dejó ver su intención de rajarse, sin dejar al torero de Linares redondear su actuación.
Tampoco el quinto tuvo especial entrega ni excesiva fuerza pero si voluntad de embestir y manejabilidad, lo que aprovechó Curro Díaz para componer una faena medida y de ritmo pausado, buscando potenciar su vena artística, procurando no quebrantar al animal y sin extenderse demasiado antes de cobrar una media que le valió otra generosa oreja.
Manuel Escribano, que reaparecía tras la gravísima cornada sufrida en Alicante en la pasada feria de Hogueras de junio, fue obligado a saludar tras romperse el paseíllo y brindó la muerte de su primer toro al equipo médico de la plaza de Alicante. Compartió banderillas con Padilla en un segundo tercio brillante pero apenas pudo lucir con la muleta ante un toro que se quedaba muy corto y se desplazaba con dificultad, derrochando ganas es una faena en la que la voluntad fue la nota más destacada.
Se fue a puerta gayola a recibir al sexto, corretón y abanto, con el que se lució al arrancarle unas verónicas casi en la puerta de arrastre. Pese a que manseó en varas tuvo luego más agresividad y casta aunque no facilidad, apuntando pronto su intención de irse a tablas y haciendo que Escribano tuviese que tirar de nuevo de pundonor para firmar una faena honrada y voluntariosa.









