La primera feria de la temporada 2022 ha sido un éxito en taquillas. Los ciclos programados a continuación presagian que la tónica seguirá siendo la misma. Unas combinaciones muy rematadas y las ganas que el público tiene de recuperar una normalidad que incluya la emoción en vivo y en directo, son la clave para que los llenos se sucedan. Pero no hay que bajar la guardia. Es primordial contratar a los diestros que demanda la afición sin olvidar a quienes han hecho méritos para merecer oportunidades. Va en ello el futuro del toreo.

Las entradas registradas los tres días de la recién finalizada feria de Valdemorillo sosiegan un tanto a los intranquilos. Era lógico tener ciertas reservas sobre la respuesta que el público daría a la tauromaquia una vez se permitiera ocupar el total del aforo de los cosos. Y sigue siendo sensato mostrarse prudente porque no se puede cantar victoria, no puede asegurarse que, en adelante, siga sucediendo lo mismo que en la plaza madrileña. Dos corridas, una con el billetaje acabado y la otra casi llena, y tres cuartos vendidos para la novillada. Sí, tres cuartos de los tendidos colmados para ver a seis chavalitos que comienzan con tanta ilusión como, todavía, incertidumbre. Un gozo.
La afición está ávida de toros. Esa es la lectura. No era descabellado pensar que el miedo a posibles contagios retraería a la gente. Pero las ganas de vivir el toreo en directo, por volver a la normalidad, le han ganado la batalla a la alarma. Artistas, deportistas, políticos, modelos, restauradores insignes, famosos y anónimos acudieron a la llamada de la expectación levantada por las combinaciones valdemorillenses.
Y se encontraron con la emoción de faenas sentidas, de sobresaltos inquietantes y de sorpresas inesperadas, por ejemplo el reverso del capote de Morante, de un color verde manzana totalmente inusual que dio mucho que hablar. Se trata de un colorido inédito hasta el momento y de una tela especial que el de La Puebla consiguió y que sólo él posee. Cosas de José Antonio Morante, a quien le encanta recuperar modas y estilos pretéritos con los que imprimir un sello de distinción a la tauromaquia actual.
Sin duda, los carteles del ciclo de Valdemorillo, repletos de figuras, han jugado definitivamente a favor del éxito en taquillas. Y todo indica que las inmediatas ferias que a continuación sucederán, van a seguir por el mismo camino, porque los nombres ilustres salpican todos y cada uno de los seriales anunciados hasta ahora.
Pero, aún a costa de que se me tilde de agorero, sigo pensando dos cosas. La primera, que no hay que dormirse en los laureles creyendo que todo el monte es orégano y que los llenos se producirán por doquier. Hay que hacer muy bien las cosas, contratar a los espadas que la afición reclama en cada ciudad y no descuidar las medidas sanitarias de prevención contra el coronavirus. Y la segunda, y no menos importante, que no se debe descuidar la cantera, el mañana. Incluir toreros que, aún sin gozar todavía de renombre, han hecho méritos para que se confíe en ellos y darles una oportunidad, es fundamental para que el futuro siga siendo halagüeño.
De momento todo sigue igual que antes de la pandemia. Por un lado, comprobar que el público está respondiendo es positivo. Pero por otro, hay que convenir que la irrupción del Covid mostró bien a las claras las debilidades del espectáculo taurino y que, en principio, pareció hacerse propósito de enmienda desde el sector profesional. Pero ha pasado el confinamiento, las restricciones y los tiempos más duros y complicados, y nada ha cambiado. Se ha desaprovechado una oportunidad.
La ocasión era extraordinaria para reinventar un espectáculo que suspira por atraer a gente nueva, que necesita pequeños cambios que, sin desvirtuar su esencia, le confieran un dinamismo y un planteamiento más moderno. No se han solucionado problemas de funcionamiento interno ni se ha conseguido promocionar la tauromaquia para que saliera más reforzada.
Parece que el reverso verde del capote de Morante nos ha hecho olvidar dónde estábamos hace dos años y los peligros que acechaban al mundo taurino, dificultades y amenazas que continúan vigentes. Mientras sigan llenándose los tendidos no tendremos que lamentarlo. Ojalá continúe esa tónica mucho tiempo.









