Manuel De Paz, torero perteneciente a la ilustre añada de los nacidos en el 59, es todo un personaje. Espada de dinastía, artista por los cuatro costados y polifacético en sus actividades fuera de los ruedos. Hermano, sobrino, y tío de toreros, siempre es noticia. Y ahora algo más, tras el fallecimiento de uno de los patriarcas de la dinastía, Manuel Amador

Enrique Amat
“Yo he tenido la suerte de recibir el arte por los cuatro costados. Mi tío fue torero, mi hermano, mis sobrinos. Mi tío fue el pionero de la dinastía. Él la creó junto con Juan Correas, el padre de Antonio Correas que luego fue rejoneador. Les llamaban los “Gitanillos de Albacete”. Y de ahí salió todo.”
Una dinastía también vinculada a Valencia.
“Es que Albacete y la Comunidad Valenciana han ido siempre muy unidos. En Valencia hay mucha gente de Albacete que vive allí. Y luego, los toreros de Albacete han tenido un gran cartel en Valencia. Dámaso González, Manuel Caballero, Sebastián Cortés, mi tío Manolo Amador, Antonio Correas. Luego, mi abuela María Dolores es de Xàtiva. Y mi padre Antón, natural de Utiel. Nuestra dinastía es muy valenciana. Y luego son dos buenas aficiones entre las que hay una estrecha relación. Sebastián Cortés tomó la alternativa en Alicante. Y mi sobrino Antón en Valencia, de manos de Enrique Ponce y el Juli. Hace ya 20 años. Incluso mi hermano Sebastián, el primer becerro que mató en su vida, lo estoqueó en Xàtiva, de la mano del crítico taurino Jesús Lloret Recorte. Él empezaba a hacer unos tentaderos de la mano de mi tío y por ahí estaba Recorte. Le vió bien, y le puso matar un becerro en la parte seria.”
El amor por esta fiesta se lo inculcaría su tío Manolo Amador.
“El fue un gran torero. Fue un hombre bueno, cariñoso, lleno de valores. Me enseñó que lo que hay que ser, sobre todo, es buena persona. Fue todo un caballero, que me imbuyó en la actitud de no hacer daño a nadie, de respetar y que te respeten. Hacerte querer y respetar. Y esto como torero es lo que más te compensa. Tener el respeto y el cariño de los aficionados y de tus compañeros.”
Luego vino su hermano Sebastián, a quien una cornada en una tarde de lluvia en una corrida de Asprona frenó una carrera que se prometía importante. Le llegaron a apoderar los Chopera, ni más ni menos.
“Mi espejo ha sido mi hermano Sebastián. Un torero de toreros, con eso está dicho todo. Sin desmerecer de otros compañeros, aquella cornada le frenó. El día de la percance en Albacete le tuvieron que poner tres litros de sangre y luego sufrió más de veinte operaciones por esa misma cornada. De esa misma herida murió Paquirri en Pozoblanco, y fue la misma que sufrió Curro Vázquez en Madrid, pero allí le pudieron atender bien. Como en la enfermería de Albacete. Gracias a Dios está entre nosotros. Fue muchos años director de la escuela taurina, y transmitió las enseñanzas a los alumnos. Fue un espada de una clase fuera de lo normal, un poeta delante del toro.”
Y viviendo en esa familia, usted decidió ser torero.
“Sí, aunque en mi casa no me lo pusieron fácil. Cuando pasó lo de Sebastián, yo dije que quería ser torero, y aquello pareció un pecado en casa. Mi hermano, después de la cornada, decidió reaparecer dos años después y para la pyuesta a punto mató varios toros en el campo. Un día de aquellos, a puerta cerrada, me puse yo delante de un novillo a probar. En mi casa, como digo, no querían. Pero me entró el veneno. Y el año siguiente maté un becerro un festival alternando con mi hermano en Jumilla. Le corté hasta una pata y ahí comenzó todo.”
El aficionado se pregunta de dónde surge su apodo.
“Porque yo me llamo Manuel Cortés. Y en aquellos días Manolo Cortés, el torero de Ginés, estaba en plena ebullición. Y yo no me quería llamar igual que aquel Manolo Cortés. Y como mi madre se llamaba María Paz, decidimos que mi apodo fuera Manuel de Paz. Y hasta hoy.”
Y más tarde tomó la alternativa en Munera. Fue el 22 de Septiembre de 1987, con un toro de Francisco Galache, “Mojigato“. Decía el célebre tango de Gardel que 20 años no es nada. Pues siete lustros dan para mucho.
“Pues sí, ha pasado mucho tiempo. Me la dió Dámaso González en Munera y de testigo Tomás Campuzano. En aquella alternativa me dijo que me deseaba todo lo mejor y que que disfrutase de esta profesión. Y que me entregase a ella, al máximo, que el tiempo que durase en el toreo lo pasase bien. Y es así, esta es una procesión muy bonita, que está llena de grandes pasiones. Pasión, entrega, y que además tiene unos valores fuera de lo normal. El respeto, el sacrificio, el trabajo, el esfuerzo. La educación. Son valores que te inculcan y te llenan como persona y te ayudan a querer y hacerte querer por los demás. Es la más hermosa de las profesiones.”
Luego estuvo más de cinco años en activo.
“Sí, porque en 1992 dejé de torear. Porque también estudiaba y trabajaba, porque en mi casa siempre nos han inculcado que teníamos que trabajar, prepararnos para ser alguien en la vida. Tirar las cosas para adelante. No todo era solo ser torero.”
Antes de la retirada, un 10 de septiembre de 1990, en una corrida de Mari Carmen Camacho en Albacete, tuvo una gran actuación.
“Sustituí a Fernando Cepeda y alterné con Luis Francisco Esplá y Rafael de la Viña. Llevaba casi tres años sin torear, pero di una tarde buena. Me llamaron el día de antes.. Yo no sabía qué hacer, pero tiré para adelante. Y salieron bien las cosas y el año siguiente seguí toreando. Pero el 1992 me quité. Y me dediqué otras cosas.”
Y llegó en 1995 nuestro común amigo Enrique Grau y le hizo dar marcha atrás a ese propósito.
“Pues sí, me rescató Enrique Grau. Tras verme torear un festival en Albacete, se vino un día al Portón de Albacete. Un lugar que es santo y seña en nuestra vida albaceteña. Un negocio que monté yo con Catali, un jugador de fútbol del Albacete cuando éste estaba en primera división y si le conocía por la “naranja mecánica”. Lo entrenaba Benito Floro. Y una noche Enrique vino allí a verme. Me engatusó, me ilusionó. Decidí volver para hacer lo que más me gusta, torear. Y la verdad es que en 1996 hicimos una temporada muy bonita, la más bonita que he disfrutado yo en esta fiesta. Nos identificábamos mucho los dos. Y toreamos mucho. Incluso confirmé en Madrid. Fue con una corrida del Marqués de Albaserrada con José Antonio Campuzano de padrino y Domingo Valderrama de testigo. Un 11 de agosto. Con el toro Ciruelo. Aunque era una corrida a contra estilo, había que torearla si o sí. Y yo muy agradecido a la empresa por anunciarme. Fue el año más bonito que vivido. Toreé con continuidad. Incluso fuimos a América. Algo vería Enrique en mí y yo en él. Pero la verdad es que lo pasamos muy bien y fuimos a muchos sitios.”
Alguna tarde especial en su carrera.
“En 1996 en Alcoy, con Litri y Jesulín de Ubrique. Frente una corrida de García Jiménez. Allí me sentí Torero. Aunque la faena soñada nunca llegado. Yo me sigo sintiendo torero y sueño con hacer una faena maravillosa. Es lo que más me gusta. Aquella tarde fue la mejor, aunque también otra en Munera, que no fue el día de la alternativa y en Albacete también maté algún toro bueno. Yo he sido y soy un torero de arte, de clase, muy limitado, al que no le sirven todos los toros, que prefiere la calidad, no la cantidad.”
En 1997, deja de torear pero comienza otra etapa.
“Sí, porque abandoné los ruedos pero no las plazas. Porque empezó a torear mi sobrino Antón. Y yo me enganché con él para seguirle, ayudarle y apoyarle. El toreó muchísimo, es un chaval extraordinario que ahora ha cumplido veinte años de alternativa. Tuvo su momento álgido. Durante siete temporadas actuó en todas las plazas, vinculado siempre a Juan Ruiz Palomares a través de su hermano Antonio Ruiz y con la ayuda de Luis Fernández Jocho. Tanto es así, que ya he dicho que su alternativa se la dio Enrique Ponce en presencia del Juli.”
Y luego su sobrino Manolo Amador, quien después de torear en muchas ferias, ahora triunfa en su faceta empresarial.
“Manolo fue un torero que tuvo unas condiciones extraordinarias. Tuvo mucho cartel y ahora como empresario lo está haciendo muy bien. Forma parte de la empresa de la plaza de toros de Albacete entre otras muchas, ha organizado certámenes como el Promesas de nuestra tierra, organiza festejos como en San Clemente o Manzanares entre otros. Le gusta, es profesional y está dedicado en cuerpo y alma a los toros. Y está haciendo una labor enorme de difusión de la tauromaquia.”
Cambiando de tercio, usted mismo se ha calificado como un gitano atípico.
“Bueno, yo soy un artista y un torero. También estudié, hice oposiciones y llegué a ser funcionario del Ministerio de Trabajo, y en su momento fue concejal del ayuntamiento de Albacete. Es que no se puede vivir solo del romanticismo. Aunque en el toreo todos somos un poco bohemios, en mi casa me inculcaron la necesidad de estar preparado, ser alguien en la vida, estudiar, trabajar, formarse. Y entré como un funcionario en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y luego me ofrecieron la posibilidad de ser concejal en el ayuntamiento de mi ciudad, lo que es una cosa de las más bonitas que se puede hacer, luchar y trabajar por tu gente Fui concejal dos legislaturas distintas. En la segunda me repescaron por mi relación con el toreo, con la escuela taurina para que un profesional ayudase en todo aquello.”
Porque vivir del todo no es fácil.
“Vivir del toreo es un milagro. Pero aunque te lo puedes permitir, hay que llevar otro camino en la vida. Hay que estar preparado y el saber no ocupa lugar.”
Antes hemos hablado de El Portón, otra de sus facetas en la vida en este caso empresarial.
“Yo más que empresario me considero un emprendedor. Yo era un servidor más, estaba allí para servir, para que la gente que quisiese pasar un buen rato y olvidarse de sus problemas, viniese a estar con nosotros. Y ya llevamos treinta años. Allí damos a la gente un espacio y lo mejor de nosotros a cada uno, al que quiera divertirse, al que quiera distraerse. Era un punto de encuentro y lo sigue siendo. Por ejemplo Constantino González, uno de los presidentes mejores que ha tenido Albacete y Valencia, él venía allí y tenía una peña en Valencia en su sitio de reunión era el portón. Allí éramos amigos, compañeros, y gente dedicada a dar felicidad de los demás.”
El toreo ha cambiado de su época hasta ahora.
“Sí, porque es cierto que hoy se torea mejor que nunca. Se roza casi la perfección. El toro está muy seleccionado, hay fórmulas para conseguir un toro casi perfecto por su docilidad, por su calidad, por su nobleza. Pero todo ello va en detrimento de la pasión que falta. La gente no vibra. Antes la fiesta se vivía con pasión, con emoción, y el toro se movía mucho. No hacían falta faenas de media hora, con veinte muletazos se le cortaban las orejas a un toro. Hoy el toro es perfecto y se torea perfecto, pero falta emoción, y que aquello que pasa en la plaza transmita y llegue a los aficionados.”
Sus toreros.
“Yo me quedo con todos. El aficionado tiene que coger cosas de todos los toreros. El mejor es al que más toros y toreros le caben en la cabeza. Aquí se trata de sumar. Y cualquiera hoy hace el toreo perfecto. Pero por supuesto, qué decir de Morante de la Puebla. Es un fuera de serie. Por su poder, por su valor, por su actitud, por cómo torea, es algo único. Yo soy admirador y un servidor de Morante. Traspasa muchos límites. También José Tomás es otro monstruo, y El Juli es el técnico más perfecto, y hay infinidad de buenos toreros en esta época. Pero Morante es barroco, es profundo, y resucita suertes antiguas. Es la conjunción del arte y del valor. Del valor de los que no tienen arte y del arte de los que no tienen valor. Eso es complicado. Le funciona la cabeza. Tiene valor, técnica, profundidad, tira del carro y se pone delante de toros de cualquier ganadería. Este año va a torear cien corridas de toros y el año pasado tiró del carro y fue capaz de levantar la temporada. Va a ir a todos los sitios, a todas las plazas, de cualquiwr categoría, y a intentar hacer apostolado y difundir su arte por todos los rincones de España. Hay que tener mucho fuelle para aguantar todo esto.”
En Valencia tiene su casa.
“Como he dicho, mi padre era de Utiel, mi abuela materna de Xátiva. Tengo familia en Manises, en Catarroja. Estuve anunciado para torear en Valencia, pero no pude ir porque me partí el menisco. Pero he toreado en muchas plazas. Y la verdad es que estoy a gusto aquella tierra y yo me siento partícipe de ella. Siempre es bueno visitarla para hablar con los amigos y hablar de toros.”
Foto: La Cerca









