Sin descanso, nos hemos levantado del tendido de la Maestranza para sentarnos en Las Ventas.
Ricardo Díaz-Manresa
Y ha ocurrido lo mismo. Lo previsto. No voy a escribir de la feria sevillana de mayo y sus triunfos ya repetidos y muy valorados. ¿Quizá mucho?. Voy a hacerlo de la asistencia del público. ¿Cuándo fue? ¿A quién quiso ver? ¿Qué toreros le atrajeron? ¿Por qué razón pasó o no por taquilla?
El secreto –vaya secreto- es que se llenaron las tardes de los grandes toreros conocidos –Morante-Manzanares- Juli-Roca Rey- que fueron además las tardes de la alegría mientras que las otras, faltó ambiente convirtiéndose en las tardes de la tristeza.
Sí, ya lo sé, las figuras están muy vistas, pero -como no hay nada mejor para el gran público- son las que elige. Y mientras tanto, esa Maestranza deja ver mucho cemento en tardes de farolillos con los otros. Sevilla está atestada de residentes y visitantes, como para llenar varias plazas cada día. Y hasta hace poco tiempo, el llenazo de los farolillos estaba garantizado incluso con ternas no demasiado atractivas, pero era día de feria y había que ir a los toros, especialmente los muchos que venían de fuera y no digo nada si era por primera vez.
El cemento de la Maestranza, incluso los días de muchísimo calor como este del 2019, es desolador y más con toreros que no son los cuatro que aglutinan el interés pero que se trata de buenos toreros.
Tampoco pica el público con los emergentes o futuristas. Prefiere esperar a que cuajen y entonces irá a verlos. Como irá cuando anuncien de nuevo, por ejemplo, a Pablo Aguado, al que le dieron una oportunidad de verdad, con figuras en un gran cartel. Y podría ser esa la política : nada de toreros con méritos para el futuro, todos juntos, sino uno solo con dos figuras para que responda o no y haya, si sabe hacerlo, darle contratos para las próximas ferias.
Lo demás no funciona por mucho que algunas empresas quieran cuidar el futuro.
Se ha visto reiteradamente este mayo en la Real Maestranza.
En Madrid ya pasó en Semana Santa. Domingo de Ramos, buen cartel con terna conocida, y el de Resurrección, muy futurista, sí, pero sin nombre. Comparen las entradas de ambos días y llegamos a la misma conclusión.
San Isidro empezó con media entrada en un cartel sin atractivo para la masa. La terna –Pinar, Cortés-Dufau- se entregó a fondo sin redondear frente a las moles de Santa Coloma.
Las empresas que nos cuenten sus historias interesadas y que cierren los ojos ante lo que atrae a la masa.









