Son oro para el alma de gran parte del pueblo español. Si, los toros son oro.

Ricardo Díaz-Manresa
Oro para la economía nacional.
Oro para la estadística de los puestos de trabajo.
O para la ecología.
Oro para la conservación de la raza animal más misteriosa y atractiva.
Oro para el culto de tres países europeos –España, Francia y Portugal- y muchos más del centro y el sur de América.
Oro para que la cultura aumente, lo que lleva sucediendo siglo tras siglo.
Oro para que las costumbres se fortifiquen cada vez más en tantos seres humanos.
Oro para que vivan ganaderos, empresarios, apoderados, toreros, banderilleros, picadores, mozos de espadas y sus ayudas, chóferes de toreros etc.
Oro para que vean aumentar su negocio hoteles, bares, restaurantes cuando llegan las ferias,
Oro para que vendan mucho más los transportes.
Oro para que la fiestas de ciudades y pueblos se fundamenten en ellos para los días más felices del año.
Oro para que el toro en la calle reúna a millones de españoles que ven ahí su identidad ante un toro tratado con el respeto que merece todo animal.
Oro para educar en valores humanos. De los de verdad, ahora desaparecidos y que aprenden tantos jóvenes en las Escuelas Taurinas (respeto, educación, jerarquía, valor, adversidad, trabajo, dolor, vida, muerte y un larguísimo etc.
Oro para los que les sirve el toreo para relacionarse con muchos de otros países y pensamientos…
Oro para hacer felices a tanta gente disfrutando de su sentimiento,
Oro para los que se ganan un sueldo, viajando y conociendo geografía y mundo.
Los toros son escuela de vida, escuela de muerte, escuela de costumbres. Gran Escuela de La Vida.
Los toros son oro puro: arte, valor, técnica, casta, raza, afición, vocación, superación, emoción, respeto a las normas, compañerismo, miedo, verdad, triunfo, fracaso, competencia, cornadas, percances, sangre derramada, productores de mitos, de grandes figuras, de atractivos seres populares y admirados y admirables.
Oro puro. Sí señor.









