Algemesí, 1 de octubre. Octava de feria. Lleno.
Novillos de Celestino Cuadri, muy bien presentados y con cuajo, pero complicados y sin entrega. El cuarto fue el de mejor son.
Cristian Climent (de nazareno y oro), silencio con aviso y pitos tras otro aviso.
Aitor Darío “El Gallo” (de pavo y oro), silencio y silencio con aviso.
De las cuadrillas destacó Miguel Ángel García.
Como en la NBA -donde hizo fortuna lo de los “minutos de la basura” para denominar el tiempo ya sin importancia que quedaba a un partido decantado un rato antes a favor de uno de los contendientes-, la última novillada picada de la Feria de Algemesí, a posteriori, fue prescindimble dado, primero, lo hecho el jueves por Diego Carretero, que puso tan alto el listón que parecía imposible que se pudiese superar, y, segundo, cómo se desarrolló esta octava función del abono.
Se esperaba mucho del regreso de la ganadería de Cuadri a esta plaza, y no decepcionó en cuanto a presentación, lidiando un conjunto muy hecho, cuajado, con volumen y remate, algo desigual de cara pero, en general, de nota en este aspecto. Luego, en su comportamiento, ya fue otro cantar. En el caballo pelearon sin emplearse y llegaron luego al último tercio reservones, mirones y a la espera. Sólo el cuarto, el más armónico y mejor hecho del encierro, tuvo más entrega y con él El Gallo, que sustituyó a última hora al lesionado Juan Carlos Carballo, comenzó muy dispuesto pero sin haber tratado antes de ahormar y rebajar a su oponente, que se fue creciendo y sorprendiendo a su matador, enganchándole y tropezándole mucho la muleta. Al natural El Gallo se entendió mejor pero no perseveró por ese pitón y su trasteo se fue difuminando, quedando ya a oscuras totalmente al matar mal. Su primero tuvo un embestir incierto, saliendo siempre con la cara alta y enterándose, sin dejar estar cómodo ni pensar a un novillero que buscó lucimiento antes que someter. Derrochó tesón y ganas, pero en vano.
Cristian Climent no tuvo, desde luego, su mejor tarde, ante un lote difícil y complicado. Anduvo bastante desconfiado con su primero, mirón y a la contra y pasó un muy mal rato con el tercero, un novillo que se desplazó de salida pero que fue cambiando a peor conforme avanzaba su lidia, poniéndose casi imposible ante los pocos argumentos que exhibió el novillero de El Puig.









