Algemesí, 24 de septiembre. Primera de feria. Lleno.
Novillos de Torrestrella, el tercero para rejones, muy bien presentados, con cuajo y mucho que torear.
Juan Antonio Navas (de purísima y oro), silencio en su lote.
Rafael González (de purísima y oro), oreja y oreja.
Ana Rita (de rosa pálido y adornos de oro y azabache), oreja.
De las cuadrillas destacaron Raúl Martí y Niño de Santa Rita.
Comenzó la Feria de las Novilladas con un festejo que dejó claro que, en ninguna profesión -y en general en nada en la vida, pero en el toreo mucho más- los comienzos son duros, muy difíciles.
Y bien lo pudieron comprobar los protagonistas de esta función inaugural, que s eenfrentaron a un encierro de Álvaro Domecq muy bien presentado, con su seriedad por delante, con cuajo, plaza y romana… y mucho que torear. No fueron tontos para nada y pedían manos con experiencia.
Algo que se notó en Juan Antonio Navas, que volvía ayer a vestirse de luces tras casi un año sin hacerlo y sin haber visto apenas un pitón en estos últimos doce meses. Y lo acusó. Su primero sacó mucha movilidad y no le dejó estar cómodo en ningún momento. Algo más entonado se le vio con su segundo, a que le costó más ir hacia adelante y con el que sacó ganas y coraje en un trasteo tan voluntarioso como irregular que también remató mal con la espada.
Rafael González mostró oficio y estar más rodado. Se lució al recibir de capa a su primero, que embestía rebrincadito y justo de fuerza pero con nobleza si bien con el defecto de echar la cara arriba. El madrileño evidenció manos en una labor con altibajos que remató con eficacia.
También se estiró al veroniquear al que cerró plaza, con el que estuvo más efectista y de cara a la galería hasta que el animal comenzó a pararse. Volvió a estar fácil con el estoque y eso le valió la puerta grande.
Entre ambos novilleros actuó la rejoneadoara portuguesa Ana Rita, que se enfrentó a un astado que fue un poco a su aire y al que paró con temple y poder. Arriesgó mucho en el segundo tercio, dejando llegar mucho y demostrando ser un jinete de alta escuela y con no poco sentido del espectáculo. Pero mató defectuosamente y eso redujo su premio a una única oreja.









