Libre de aislamiento

El doctor Cristóbal Zaragoza, cirujano jefe de la enfermería de la plaza de toros de Valencia, ha superado la fase de aislamiento a que estado sometido al resultar contagiado por el coranavirus en el ejercicio de su profesión.

Hoy por fin, no sé si definitiva o temporalmente, me he deshecho de ese bicho con corona que consiguió doblegarme hace poco más de dos semanas, alejarme de mi puesto asistencial y docente hospitalario y colocarme en barbecho. Durante el obligado confinamiento, y en mí caso aislamiento, he tenido tiempo de hacer muchas cosas, además de aburrirme, entre ellas escribir. Pero también he ocupado una parte de estos interminables días a leer, oír y ver en los diversos medios de comunicación noticias y declaraciones sobre las conductas y protocolos de actuación, en tiempo y forma, adoptados por nuestros gobernantes y responsables sanitarios en referencia al coronavirus, que dan mucho que pensar, entre otras razones, por el nivel de irresponsabilidad alcanzado al hacerlo en plena pandemia, sin ningún límite a la prudencia y la consideración y, lo que es más grave aún, con pocos o ningún conocimiento sobre el particular,- me refiero a los “tertulianos de profesión” que de todo entienden y a todo se atreven- y no con el objetivo de colaborar y mejorar las actuaciones realizando una crítica constructiva, sino ir a la búsqueda de la noticia sensacionalista, -y más veces de las deseables falsa-, mermando la confianza y sembrando dudas e inseguridad en una ciudadanía que, por lo general, ha venido y viene teniendo una conducta ejemplar, cumpliendo a rajatabla las indicaciones que por razones de salud pública nos han venido indicando nuestros responsables sanitarios y políticos.

Por no hablar de los que ya sabían lo que iba a pasar antes de que pasase y que lo hacen retroactivo cuando ya ha pasado, los “adivinos”, los del “ya lo decía yo”, los que siempre aciertan a “toro pasado”, y para los que son oportunas otras frases de frecuente utilización coloquial en nuestro entorno, como “que bien se torea desde la barrera” y “a cojón pasado, macho”. Me refiero a los que llaman la atención si te ven tropezar con un “lleva cuidado que te vas a caer”, haciéndose con este aviso dueño de las dos alternativas, es decir que te caigas y es así porque no has hecho caso a su recomendación o que no te caigas y lo es gracias a que él te lo advirtió. Son los ciudadanos que siempre tienen la razón en todo, que lo conocen todo y que todos conocemos a más de uno.

Tengo en la Facultad de Medicina a un colega que no se perdió una mascletá durante el principio del mes de marzo, correspondiente a las Fallas frustadas del año en curso, que hace escasamente diez días por teléfono criticaba, acalorado y con un grado indescriptible de vehemencia, como era posible que las autoridades sanitarias hubiesen permitido el viaje Valencia-Milán de muchos aficionados valencianos para asistir al partido Atalanta-Valencia, celebrado el 19 de febrero, cuando en Italia había algún caso de coronavirus. Me encargué de recordarle que en esos momentos la OMS y las autoridades sanitarias de los países europeos aún estaban planteándose el riesgo, -ante el número reducido de casos en cada país en esos momentos-, de tomar decisiones con imbricaciones importantes sanitarias y económicas, y rememorarle que en nuestro país el primer caso fue diagnosticado en un turista alemán ingresado en el Hospital de La Gomera el 31 de enero, que a los 9 días se diagnosticó otro caso en Palma de Mallorca y que el 24 de febrero fue cuando se diagnosticaron los primeros casos en Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana.

¿Se podrían haber hecho mejor las cosas?: Seguro. ¿Hay lugar para la crítica?: Por supuesto. Y habrá que hacerla. Empezando por la autocrítica de los que nos gobiernan y también de la oposición, sobre todo con el objetivo de cómo hacerlo mejor la próxima vez, porque sin ninguna duda la habrá.

En honor a la verdad, y siendo honesto, habrá que reconocer que ésta epidemia y posterior pandemia, pilló a todos los países con el pie cambiado, posiblemente porque olvidaron que la globalización del mundo actual conlleva que, con más facilidad que antes, se cumpla el antiguo proverbio chino que dice: “el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.

 

Cristóbal Zaragoza Fernández

Cirujano Jefe de la Plaza de Toros de Valencia

Jefe de los Servicios de Cirugía General y Digestiva y Cirugía Mayor Ambulatoria

Foto: Mateo