Castellón, 19 de marzo. Primera de feria.
Toros de Fuente Ymbro, desiguales de presentación pero de buen juego en conjunto.
Juan José Padilla (de pastel y oro), oreja y oreja.
El Fandi (de nazareno y oro), ovación tras dos avisos y ovación.
Vicente Soler (de burdeos y oro), oreja y oreja.
Más de media entrada.
Paco Delgado.
Si en el mundo de la economía y los mercados la base de todo intercambio es el patrón oro, en el sector taurino son las orejas las que sirven para medir el valor de los triunfos. O para rentabilizar el precio de la entrada, como sucedió en la primera función de la feria de La Magdalena, un festejo en el que la mucha gente que fue a la plaza creyó que pidiendo orejas para los actuantes el grado de satisfacción amortizaba el desembolso.
Y dos orejas le procuraron a Juan José Padilla, que reapareció tras el grave percance sufrido hacía justo una semana en Valencia y fue obligado a saludar tras deshacerse el pasillo. Banderilleó luego a su primero de manera desigual y con algún apuro, pero en la muleta no encontró motivo para estar a disgusto y se llevó la primera oreja de la feria tras dar mucha fiesta a un toro pronto, repetidor y obediente.
También se vio apretado al banderillear al noble y embestidor cuarto, teniendo que tomar el olivo en dos de los tres pares que colocó, toreando luego muy de cara a la galería y consiguiendo la puerta grande al matar con habilidad y rapidez.
Hubo inflación orejil asímismo para recompensar al torero local. Vicente Soler se lució al torear de capa a su primero, un toro con cuajo y volumen que midió el suelo con el lomo al salir del caballo. Asumió riesgos en el segundo tercio y solventó con oficio valor una faena en parte deslucida por la endeblez de su oponente, que acabó tomando el camino de las tablas y obligando a su matador al arrimón para amarrar su primera orejade la temporada.
Con el que cerró plaza mostró una gran disposición y firmeza para conducir la exigente bravura de un toro que tuvo mucho que torear y una enorme trasmisión, sobre todo en la priemra mitad de su lidia. Pero el torero de Burriana, quizá acuciado por las prisas y la necesidad (y también por su corto bagaje) acabó embarullado y dejando un quehacer que fue bastante a menos pero que acertó a rematar con una estocada un tanto defectuosa, eso sí -la espada cayó baja y trasera- pero de efectos fulminantes y que al rodar el toro sin puntilla le sirvió para salir también a hombros.
El Fandi anduvo fácil y muy por encima de su primero, cornalón y justo de fuerza con el que volvió a dejar constancia de su facilidad banderillera y firmó una faena de más a menos en intensidad y de acuerdo con el fuelle que tuvo su oponente, recurriendo a los adornos en su tramo final y perdíendo la oreja por no decidirse a descabellar a tiempo. Repitió el guión en los dos primeros tercios con el quinto, toro de gran alzada y mansón al que no consiguió fijar ni meter en la muleta en una faena larguísima y sin contenido.









