La realidad y las ganas

Isaac Fonseca se llevó la única oreja de la última función de la feria de Valencia.

 

Valencia, 17 de julio.
Tercera de feria.
Un cuarto de entrada.

Novillos de Montealto, el segundo corrido como sobrero, bien presentados y de buen juego, destacando el quinto.

Isaac Fonseca (de botella y oro), vuelta al ruedo tras aviso y oreja con aviso.
Niño de las Monjas (de salmón y oro), ovación tras aviso y vuelta al ruedo con otro aviso.
Álvaro Alarcón (de obispo y oro), silencio con aviso y silencio tras dos avisos.

De las cuadrillas destacaron Gómez Escorial e Iván García.


Paco Delgado

Foto: Mateo

Finalizó la feria de julio con una novillada que reunía a tres de los novilleros triunfadores y destacados en esta plaza a lo largo de la temporada y que, además, han lucido también en otros ruedos. Enfrente se les puso un encierro de Montealto, bien presentado, con cara y cuajo y de juego notable que, sin embargo, no fue aprovechado por sus matadores, que no reeditaron sus anteriores actuaciones anteriores. Y eso que la gente estuvo en todo momento por la labor, jaleando y ovacionando todo y pidiendo trofeos a la menor ocasión, como si así se amortizase el desembolso hecho para presenciar el festejo.

Isaac Fonseca se mostró dispuesto y decidido desde que se abrió de capa, iniciando su faena con pases cambiados de rodilla y luciendo al torear en redondo y aunque no acabó de macizar su labor el público le obligó muy generosamente a dar una vuelta al ruedo.
También con el cuarto anduvo con mucha decisión ante un novillo boyante y repetidor al que no cogió el ritmo, permitiendo muchos enganchones. Se llevó una voltereta al entrar a matar y eso sirvió de excusa al público para conseguirle la única oreja. de la tarde

El segundo, una raspa, fue muy protestado también por su poca fuerza, siendo devuelto mientras quitaba Alarcón. El sobrero, al que también recibió El Niño de las Monjas a porta gayola, tuvo más presencia y derrochó nobleza. Le costó entenderlo a su matador, que al natural sí que dejó un par de tandas de buen trazo antes de ser desarmado un par de veces y difuminarse su trasteo y matar muy feamente.
El quinto fue el de más calidad del conjunto, noble, repetidor, con fijeza, incansable… y la gente, muy predispuesta y amable, sólo vibró con lo hecho por el de las Monjas con sus alardes y desplantes. Mala cosa.

Se le dio muy mala lidia al tercero en los primeros tercios y pese que llegó obediente y bonancible a la muleta, Álvaro Alarcón no acabó de aclararse en una faena tan larga como hueca en la que primó la cantidad sobre la calidad.
Con el más deslucido sexto anduvo tesonero y paciente, pero desplazando casi siempre hacia afuera y sin acabar de meterse con el novillo.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…