Pedid y se os negará.
Vicente Sobrino.
Parto de la base que todos los espectadores que acuden a los toros merecen respeto y que cada uno, incluso, tiene sus preferencias, gustos, caprichos o manías. Pero ¡ojo,! cabría distinguir, dentro del consabido respeto, que hay diferencias entre el espectador ocasional y el espectador aficionado, el que se traga todo lo que le echen. Y este último, el aficionado, debería ser escuchado más a menudo por las huestes de un taurinismo que a veces pasa de él más de lo recomendable.
El espectador/aficionado tampoco le pide peras al olmo, pero sí quiere que le escuchen y, de vez en cuando, incluso no estaría mal que atendieran sus propuestas.
Hace muchos años Manolo Cano, un verdadero Séneca a la sombra, me dijo una frase que sentencia: “lo que es bueno para los aficionados es malo para los taurinos; y los que es bueno para los taurinos es malo para los aficionados”. Ahí queda eso.
Ya se sabe que solo el espectador/aficionado no llena las plazas por si solo, pero es el que más euros se deja en las taquillas. Y su opinión debería contar más. Pero hasta el momento, lo que piden es negado por el taurinismo militante.









