Castellón, 26 de marzo. Quinta y última de feria.
Cinco toros de Juan Pedro Domecq, justos de presencia y fuerza y de poco juego. El segundo fue el de mejor son.
Enrique Ponce (de grana y oro), ovación y ovación.
López Simón (de azul pavo y oro), oreja y oreja.
Varea (de marfil y oro), ovación y oreja.
De las cuadrillas destacaron Domingo Siro y Josele.
Casi lleno.
Paco Delgado
Terminó la feria de la Magdalena con una corrida de Juan Pedro Domecq que deslució en buena parte este fin de fiesta. De discreta presentación y fuerzas justas, su juego fue también escaso y sólo el afán de los diestros y la generosidad del público lograron que este broche ferial fuese triunfal.
López Simón acabó saliendo hombros pese a que estropeó su primera faena al matar de muy mala manera. Se estiró al veroniquear a este ejemplar, feo y anovillado, al que se le tramitó en el primer tercio con tan sólo un topetazo en el peto. Tuvo el toro prontitud y alegría y la faena un comienzo arrollador, combinando un pase cambiado por la espalda con una larguísima serie de derechazos rodilla en tierra a la que siguió otra tanda, ya erguido, de mano baja y mucho mando. Pero a partir de ahí todo fueron adornos y toreo accesorio, llevándose una oreja increíble al dejar una media estocada bajísima.
El de Parladé que hizo quinto empujó engañosamente en varas y embistió sin hacerse de rogar en los primeros compases del tercio de muerte, dejando a López Simón lucir en un par de series con la derecha templadas pero con mucha velocidad. Y en esas primeras arrancadas agotó el animal su energía, apagándose poco a poco y no dejando al torero más salida que el derrochar ganas en un trasteo que fue a menos y en el que tuvo que echar mano otra vez del destajismo y los alardes de valor en un arrimón final que le valió la puerta grande.
Otra oreja se llevó Varea del largo y escobillado toro que cerró plaza, un astado con más pujanza y que le permitió mostrar su clase y buenas maneras es una labor muy medida y compuesta, sin excesos y apurando al toro sin frivolidades ni gestos vanos, dejando muletazos de muy buen trazo y con sabor. Mató con contundencia y paseó al final la oreja más justa y merecida de la tarde.
El tercero se arrancó de lejos al inicio del último tercio. Condujo Varea con temple esas oleadas en series con empaque y gusto aunque a la tercera serie el toro se rajó.
No tuvo apenas opción el primer toro de Ponce, muy cómodo de cabeza, justo de fuerza y quedándose corto ya en los lances de recibo. Hasta por dos veces intentó saltar al callejón el cuarto, con el que se hizo aplaudir Ponce al torear a la verónica. Dobló enseguida bajo el peto y aunque brindó su muerte al público parecía imposible sacar nada en limpio. Pero el de Chiva no quería irse de vacío, esforzándose por revertir la situación a base de empeño y tesón aunque finalmente no hubo resultado positivo.









