La fiesta hueca

El Juli paseó la única oreja de un festejo marcado por el poco juego del ganado.

Castellón, 25 de junio.
Segunda de feria.

Más de tres cuartos del aforo permitido.

Toros de Alcurrucén, bien presentados, pero, en conjunto, de poco juego.

Morante (de avellana y oro), silencio y ovación.

El Juli (de púrpura y oro), oreja y ovación.

Pablo Aguado (de azul noche y oro), silencio con aviso y silencio.

 


Paco Delgado

Fotos: Mateo

 

La fiesta de los toros es emoción y la emoción nace de la pujanza del toro y se plasma en la adecuada respuesta del torero. Cuando una de los dos partes falla, la fiesta se hunde. Ayer falló el factor toro, con una corrida de Alcurrucén cuya notable presencia no se correspondió con su decpecionante comportamiento.

Las primeras ovaciones de la función fueron para El Juli cuando recibió de capa a su acapachado primero, bravo en el caballo pero que echó la cara arriba en banderillas. Dio igual. Desde que cogió la muleta el madrileño pudo con él, dándole mucha fiesta también a la gente que casi ocupó el aforo permitido en una faena de plantas clavadas a la arena y muñecas sueltas, en la que dejó ver su enorme capacidad y su impecable técnica. De no haber necesitado usar el verduguillo hasta tres veces ya hubiese ganado la puerta grande. Con el cuarto no hubo opción. Manso, con mal estilo y a la defensiva sólo cupo voluntad.

El tercero se frenó en el capote de Pablo Aguado y protestó en los primeros tercios. Sin humillación ni entrega, todo lo tuvo que hacer el diestro sevillano para, poco a poco, ir metiéndole en el engaño y sacar un trasteo intermitente y más afanoso que brillante, fallando luego mucho con el estoque de cruceta.
El sexto se paró ya en el primer tercio, esperó muchísimo en el segundo y fue imposible en el tercero, haciendo inútil el esfuerzo de Aguado, que tampoco estuvo fino con la espada.

Se hizo de rogar el albahío que abrió plaza para acudir al capote de Morante, y cuando lo hizo fue con desgana y a disgusto. Tampoco estuvo a gusto con él su matador, que ante la poca disposición de su oponente lo pasaportó en un visto y no visto.
Veroniqueó con mucha velocidad al cuarto, aunque hubo más reposo en el quite. Tras una floreada interpretada por El Soro pareció inspirado, pero el de Alcurrucén se paró muy pronto y ahí acabó todo.

 

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…