Algemesí, 30 de septiembre. Séptima de feria. Lleno.
Novillos de Domingo Hernández, muy bien presentados y de gran juego en conjunto. El primero fue premiado con la vuelta al ruedo.
Leo Valadez (de verde botella y oro), dos orejas y vuelta al ruedo.
Andy Younes (de grana y oro), oreja y dos orejas.
De las cuadrillas destacaron Rafael González y Abraham Neyro.
Una tarde más, la Feria de las Novilladas fue fiel a la norma imperante desde hace mucho tiempo y de toriles salió un encierro de lujo. Novillos en esta ocasión con el hierro de Domingo Hernández, cuajados y hermosos aunque muy cómodos de cabeza y que tuvieron un comportamiento notable, sobre todo para los toreros. Que, también para no perder la costumbre, no acabaron de apurar las muchas y grandes posibilidades de sus oponentes, quizá porque la fiesta del cadafal les hizo creer que con lo que hecho era más que suficiente.
Y así fue, en efecto, para Andy Younes, que sumó tres orejas a su palmarés. Justa la primera, la que le concedieron tras acabar con el segundo de la tarde, un astado que empujó en el caballo hasta casi llevarlo al otro extremo de la plaza y que pese al palizón que se llevó en ese primer tercio llegó a la muleta repetidor y pronto, dejando que el francés se luciese en la primera mitad de su trasteo, viéndose luego sorprendido con frecuencia cuando se pasó al piton izquierdo, dejándose enganchar con mucha frecuencia y sin acabar de macizar su labor.
También fue de más a menos su quehacer con el cuarto, al que se le dio una pésima lidia en los primeros tercios y que, como el otro, embistió con franqueza y claridad, sin que Younes se decidiese a otra cosa que torear muy de cara al tendido y dar fiesta a la gente, pareciendo exagerado su premio final.
Leo Valadez hizo lo mejor de la función con el gran novillo que abrió plaza, un animal incansable y bravo al que toreó con soltura y limpieza, si bien por momentos no llegó a acoplarse al ritmo del novillo.
El feo tercero, pese a los dos volteretas que dio antes de llegar a la muleta, tuvo asimismo tranco y transmisión, dejando que el mejicano llevase a cabo una faena de perfil más bajo que la anterior, de tono más ligero y aún estando siempre muy cómodo no acabó de meterse con un ejemplar que mereció más.









