Va a más. Todo el mundo se eterniza en la faena de muleta. Casi todos oyen avisos. Y al público de ahora le importa un pito. El de antes lo consideraba como una falta, como un error, como una ineptitud. Ay, pero los tiempos cambian y ya nada es lo que era.
Ricardo Díaz-Manresa
Enrique Ponce ha sido y es el de las faenas largas, pero él comienza con el toro a que embista, lo va cuidando y enseñando y en la tercera fase inicia su faena hasta el triunfo. Los demás lo quieren imitar –pero al revés- y caen en la pesadez y el descrédito. Aburren insistiendo y creyendo que al final llegará el éxito. Prácticamente, nunca llega y sólo consiguen aburrir.
Y aviso tras aviso en estas corridas pesadísimas con tanto trabajo para los presidentes y los trompeteros.
Pero claro que al pueblo taurino le da exactamente igual. Una masa que no parece mejor que la de antes. Pesadez, aviso, a tragar y salir de la plaza a la hora española de la cena.
Y ahora, esta temporada, con una variante especial y más preocupante. En la plazas y ferias de primera los espadas han empezado a oir los avisos ¡antes de entrar a matar!. Lo que parece que es toda una exageración.
Las faenas han durando siempre entre 5 y 9 minutos, pero ahora no, pasan de los diez y hasta puede que algún presidente –cada vez con menos criterio en Sevilla y Madrid-les alargue un poco lo del reloj para no poner al espada de turno en el peligro de los 3 avisos. (Que ya deja también al respetable muy frío aunque antes era el mayor estigma para el torero). Y repito que esto sucede porque ya nada es lo que era.
Los avisos sólo obligar a los presidentes a estar más atentos al reloj, porque a los espadas y al público les traen al fresco. Y si hay que dar orejas pues se dan sin problema alguno. Sea cuando ya se ha entrado a matar al menos una vez o cuando no, cuando el presidente le recuerda que hay que utilizar ya la espada.
Nuevas costumbres, nuevos hábitos, nuevas maneras de hacer. El público es el soberano y lo aplaude tras aprobarlo sin decir ni mu.
Y en estas estamos esperando cuál va a ser la próxima, el cambio del cambio, las nuevas normas de la lidia.
¿Quién tiene imaginación para decirlo?









