El penúltimo festejo de la feria de San Juan de Alicante fue una novillada sin picadores. En la misma, pegó un zambombazo el torero valenciano, Israel Guirao, alumno de la escuela de tauromaquia de Valencia. Cortó cuatro orejas tras una actuación de torero poderoso, puesto, profesional, seguro y suficiente.
Los novillos de Alcurrucén, bien presentados y de buen juego, también rayaron a gran altura. Colorado, ojo de perdiz el primero. Con suficiente lustre y remate y un gran fondo, aunque le faltó poder para acabar de romper. También colorado ojo de de perdiz el segundo, gacho y simpático por delante. Dio un excelente juego. Fijeza, nobleza, profundidad en las embestidas, humillando y siempre viendo muleta fueron sus virtudes. Tuvo el defecto de, por momentos, quererse ir, pero fue un notable ejemplar.
El también colorado tercero manseó de salida y se dolió mucho en banderillas. Luego, en la muleta, le faltó algo de celo, codicia, bravura y querer ir para adelante. Un tío, sobrado de cuajo y plaza fue el cuarto. Castaño lombardo, ojo de perdiz y bociblanco. Tuvo tranco, transmisión, bravura y siempre pidió firmeza de manos y el carnet de profesional a su matador. El castaño quinto, bociblanco y cornidelantero, fue y vino, aunque escaso de entrega y siempre saliéndose suelto de los embroques. Y también serio y con plaza el colorado y calcetero sexto, quién tomó las telas con profundidad, humillando y embistiendo con derechura. Otro sobresaliente ejemplar.
Israel Guirao recibió con una larga en el tercio a su primero, frente al que luego no tuvo opciones de lucimiento con el capote. Tras abrir su trasteo en el platillo con pases cambiados, muleteó con autoridad, poderío, suficiencia y mostrando su extraordinaria preparación. Acortó los terrenos en el epílogo del trasteo y mató de una buena estocada que bastó.
Y también demostró su preparación, profesionalidad, de torero enterado, con oficio y preparación ante cuarto, un toro con mucho volumen, tan bravo como temperamental, al que sometió y pudo al comienzo de la faena para meterlo en el canasto. Trasteo rotundo, de torero muy hecho y bien rematado con los aceros.
Cristóbal Guerrero firmó un largo saludo capoteril a su primero, ganándole terreno. Tras un prólogo por ayudados por alto a su primero, toreó con sentido de ligazón por los dos pitones. Su trabajo, afanoso y tesonero, tampoco estuvo exento de cierta rusticidad en las formas.
Y de nuevo mostró algunas carencias técnicas con el capote en el quinto, frente al que firmó un trabajo siempre sincero, entregado y voluntarioso, aunque escaso de templanza. Disposición, actitud y entrega no se le pueden discutir. Y además fue aparatosamente volteado en el epílogo de su faena. Se le salió el hombro al entrar a matar a ese quinto. Tuvo que acabar con él Israel Guirao.
Rodrigo Villalón intentó hacer el toreo bueno, por la línea de la verticalidad, el buen corte y la expresión, aunque sin terminar de cruzarse al pitón contrario, para ayudar a su novillo a romper para adelante. Mató de dos estocadas atravesadas con asomo y varios golpes de descabello.
El torero de Villena ante el sexto firmó un trabajo expresivo, sentido y siempre queriendo hacer las cosas por la línea de la torería y la firma rutilante, si bien exhibiendo un concepto, algo perfilero del toreo. Mató con contundencia.