11 de julio de 2026. Plaza de toros de Valencia. Buena entrada en tarde entoldada. Novillos de Guadalest, en general bien presentados y de buen juego. Manuel León, de la escuela taurina de Badajoz, oreja. Samuel Mancilla, de la escuela taurina de Algeciras, palmas tras aviso. Cristóbal Granero, de la escuela taurina de Alicante, silencio tras dos avisos. Pablo Sánchez, de la escuela taurina de Almería, saludos tras dos avisos. Hugo Masiá, de la escuela de tauromaquia de Valencia, saludos tras aviso.
Iker Rodríguez, de la escuela de tauromaquia de Valencia, dos orejas. Entre las cuadrillas colocaron buenos pares de banderillas Jorge Escamilla y Victor Roig. Brilló en la lidia Luis Pizarro. Presidio Jose Luis Cuerda, asesorado por Carlos de Andres y José Andrés.
Enrique Amat, Valencia
Se puso en marcha el primer certamen de clases prácticas Maestro Vicente Ruiz el Soro. Un evento en el que hay tres trofeos en liza. Uno para cada uno de los ganaderos y otro para el triunfador del certamen, consistentes en esculturas de la plaza de toros de Valencia. Pero con el añadido de un traje de luces de Justo Algaba para el triunfador, un capote para el segundo clasificado y una muleta y una ayuda para el tercero. Cuatro de los actuantes brindaron la muerte de sus novillos a Él Soro.
Los novillos de Guadalest dieron un buen juego. Largo, silleto y cuajado el castaño primero. Repetidor, con fijeza, encastado, codicioso y con viajes muy largos. Un excelente ejemplar. Bonito de hechuras y apretado de carnes el segundo. Enrazado y con mucho motor, también tuvo largos viajes, y embistió con celo y bravura.
Más terciado y playero el burraco tercero, que tuvo nobleza, aunque anduvo algo más atemperado y escaso de fuerzas. Repitió las embestidas, si bien con tendencia de hacerlo a media altura y soltando la cara. Él, también negro cuarto, se dolió mucho en banderillas y luego tomó las telas rebrincado, descompuesto y por momentos quedándose debajo de los engaños. El castaño y bociblanco quinto, bajito, apretado y simpático por delante, salió muy abanto de chiqueros. Luego, muy ayudado por su matador, acabó rompiendo y metiendo la cara con bravura y transmisión. Y también terciado el sexto, axiblanco, bragado, algo girón y lucero. Escaso de fuerza y también de raza, fue y vino, pero sin convencimiento y siempre claudicante.
Manuel León, de la escuela taurina de Badajoz, se fue la puerta de chiqueros a recibir a su novillo, que le arrolló. Luego le lanceó con vibración y firmó una faena de buen aire, aunque algo falta de sometimiento. A mitad del trasteo se creció y acabó enfibrado y comunicativo. Mató de una estocada volcándose.
Samuel Mancilla, de la escuela taurina de Algeciras, es una espada espigado y de buena planta, que saludó con un farol de rodillas a su antagonista, al que luego lanceó con cierta prestancia. Tuvo la virtud de citarle de largo, dejarle llegar muleteando con sentido de ligazón, sobrado de expresión y siempre llevándole enganchado en los vuelos de la muleta. Mató de una estocada, pero luego necesitó de varios golpes de descabello
Cristóbal Granero, de la escuela taurina de Alicante, lanceó cumplidor. Con la muleta firmó un trabajo que tuvo son, voluntarioso y siempre ligado con buenos momentos aunque un tanto encimista.
Pablo Sánchez, de la escuela taurina de Almería, también se fue a porta gayola a saludar al cuarto, al que lanceó a la verónica ganando terreno. Exhibió firmeza y buen concepto, en una faena en la que anduvo algo perfilero y fuera de cacho. Sufrió un volteretón en el epílogo del trasteo. Y luego de nuevo, fue seriamente volteado al entrar a matar.
Hugo Masiá, de la escuela de tauromaquia de Valencia saludó con un farol de rodillas a su oponente. Banderilleó con espectacularidad y acierto, sobresaliendo en un par del molinillo, aquel que patentó en su momento El Soro. Abrió el trasteo en la boca de riego, con pases de rodillas. Su labor brilló por el sometimiento, el toreo de mano baja y el llevar al astado muy metido en la muleta. Entregado, siempre queriendo y comunicativo, el trabajo tuvo tanta pasión como buen toreo. Emotivo y vibrante epílogo de rodillas. La pena es que falló con las armas toricidas. Pero se abrió un crédito.
Iker Rodríguez, de la escuela de tauromaquia de Valencia, lanceó con buen aire. Banderilleó junto a su compañero Hugo Masiá con espectacularidad, sobresaliendo en un par al quiebro. También brindó a el Soro, al igual que lo hicieron León y Mansilla. Prologó su faena con pases cambiados y estatuarios en el platillo de la plaza. Quiso hacer las cosas bien en todo momento, presentando los engaños por delante. Firme y dispuesto, ligó con soltura y lucidez, siempre entregado. Cumplió con creces y caló en los tendidos. Su enrazado cierre de faena con las dos rodillas en tierra precedió a una estocada hasta la gamuza y dos descabellos. Premiado con dos orejas, abrió la puerta grande. Otro que se abrió un crédito.
Fotos: Litugo