12 de octubre, un año más, uno de esos días en los que nuestro país se destiñe entre rojo y gris. Unos orgullosos de España, otros protestando por no se muy bien que. Como novedad además se suma, un vacío en el sillón presidencial, una exhumación polémica y un creciente mascotismo (que no animalismo). Y aún nos preguntamos porqué no prosperamos como los países vecinos.
Bea Hiraldo
Será moda que los mismos que se aferran a humanizar los animales sean los que tiran la bandera por tierra. Y es que por mucho que pese para algunos, la tauromaquia es a España lo que la Rioja al vino. Símbolo, referencia e identidad. Este parece ser el motivo de peso para que muchos se desprendan del sentimiento de la rojigualda. ¡Qué tendrá que ver señores!, aunque peor son los que jurando un cargo, predican proteger el patrimonio cultural para después prohibirlo. El progresismo moderno, todo respeto y sentido común.
Los mismos que hoy salen con la franja morada desconocen la labor que la República hizo por la fiesta nacional. Al igual que son ignorantes en cuanto a la variopinta riqueza que nace del mundo del toro fuera del ruedo: música, poesía, pintura, artesanía … Sin mencionar los beneficios de una cultura que promociona el ecologismo y el respeto máximo por los animales.
Con esto solo quiero decir hoy, día de todos los españoles, que todos los que comulgamos con el toro podemos estar orgullosos y sentirnos afortunados.
Orgullosos por formar parte activa de la identidad y cultura de nuestro país. Y afortunados por tener en exclusiva el arte de la tauromaquia, de haber dado a la historia de España tantos genios como la literatura. De ser el epicentro del mayor espectáculo de arte.
En definitiva, de ser españoles de arraigo y arte.
Digan hoy alto y claro que son taurinos, amantes de la fiesta nacional, y vayan hoy a cualquier coso donde se haga efímer, disfruten de la libertad que muchos nos quieren quitar.









