Motivos personales me han obligado a permanecer ingresado varios días en las instalaciones del hospital Nueva Fé de Valencia. Vaya por delante mi sincera gratitud y admiración para todo el personal sanitario que se dedica a tan loable menester. Eso de cuidar enfermos, vigilarles de día y noche, lavarles, cuidarles, y siempre atendiendo las llamadas del paciente, es algo que no se puede pagar, por ello, insisto, en mostrarles desde estas páginas toda mi admiración y respeto.
Gracias… y desgracias
Pero claro no puedo olvidar, que como con frecuencia dice, el que considero como el mejor periodista del mundo, habido durante los siglos XX y XXI, me estoy refiriendo con toda convicción y respeto a Luis María Anson.
Dice el maestro de maestros Anson, que la primera función del periodista es, administrar el derecho a la información veraz, la segunda consiste en el ejercicio del contrapoder, es decir, elogiar el poder cuando el poder acierta y criticar el poder cuando se equivoca, denunciar el poder cuando el poder abusa. Y no sólo el poder político, también al poder económico, al poder religioso, al poder cultural, al poder universitario, al poder deportivo…
Por todas esas razones, a la vera de mis palabras de admiración hacia el sistema impecable que existe en España en Sanidad, quiero también señalar los puntos negativos que observé durante mi ingreso en el servicio de urgencias del hospital La Nueva Fe de Valencia.
Qué falta de atención con los pacientes, qué desorden, qué líos, qué desastre. No quiero repetir algunas palabras que pude oir, que lenguaje tan barriobajero, qué falta de orden y seriedad. Qué pena que todo lo quisieran arreglar con gritos, repito, qué desastre. Por todo ello, porque si no se denuncia, se puede volver a repetir, expongo todo lo que antecede.
Laus Deo.









