Lo de “los balcones a las ocho” nos pareció bien en un principio. Una forma de desahogo justo, en forma de tributo a los profesionales sanitarios, que son los que merecen el premio en estos complicados tiempos. Pero de ahí se pasó al “show continuo” que es muy propio de este país.
José R. Palomar
Vivimos en la cultura de la exageración. Se improvisan toda suerte de espectáculos en balcones, y fuera de ellos. Los graciosos de cabecera han encontrado su rampa ideal para derrochar todo ese “ingenio”. Sin reparar, en su afán de notoriedad, en que puede que algún enfermo esté buscando unos minutos de silencio, o el científico que está redactando su último informe.
Todo ese compendio de presuntos “talentos” de la escenificación son un buen reclamo para que lo aprovechen las cadenas de televisión en sus informativos. Pues ya sabemos que hay que rellenar muchas horas… Y que tras las cifras oficiales y la información (que en la cadena pública TVE es desinformación y propaganda continua) están las curiosidades, a cada cual más esperpéntica, que ha ideado el ciudadano de turno.
En los informativos siempre hay espacio para esos artistas (prefiero no dar nombres propios) que en un presunto objetivo “por el bien de la Humanidad” no pierden comba para vendernos “el último disco que no pudo salir al mercado”, “la película que no se estrenó finalmente” y “el espectáculo que nadie puede ver”, porque todo está cerrado…Algunos lo hacen mientras explican su encierro, desde grandes mansiones en Miami o en lujosas urbanizaciones de Madrid u otros lugares. Es más llamativo que detenerse en el ciudadano anónimo que vive entre cuatro paredes, puede que incluso sin balcón, y que no tiene redes para mostrar una sabiduría sin altavoces. Es difícil distinguir entre los primeros, quien sólo busca protagonismo disfrazado de preocupación por el prójimo, y los que lo hacen de forma sobria y distinguida.
Siempre he pensado que las mejores obras vienen acompañadas de discreción, y no precisan de publicidad. Hay destacados personas del mundo del espectáculo, empresa, ciencia o deporte (los que no viven en la estrechez) que han donado sustanciales cantidades destinadas a la sanidad, para que la sociedad remedie esta pandemia. La solución ante los errores y estupidez del ser humano, puede que esté buscando dentro de uno mismo. No en que los demás te remedien las carencias que todos arrastramos, fruto de una sociedad ayuna de valores en la que sólo prima la productividad.









