“Demostrado que, en Paco Ureña, su afición no es pequeña”. Efectivamente, tienen razón los que dicen los toreros están hechos de otra pasta.
Ayer Paco Ureña demostró una vez, más su enorme afición y su sentido de la responsabilidad, habiendo superado el enorme trauma, que supone perder un ojo en el ejercicio de su arriesgada profesión.
Toda la tarde estuvo en torero, en compañero, y demostrando una entereza envidiable.
El festejo pudo haber sido triunfal, si las espadas de Ponce y Ureña, no se hubiesen atascado.
Ya es raro ver al de Chiva, precisar de un metisaca, dos pinchazos, otro hondo, uno más y una estocada corta para acabar con su oponente.
De no haber sido así, la Puerta Grande estaba más que asegurada. Pero habrá que esperar (posiblemente al lunes día 18), para que se complete la número 40 en esta plaza de Valencia.
Laus Deo.
La corrida comenzó con la entrega de una placa conmemorativa a Santiago López, en el 50 aniversario de su alternativa.
En la impresionante ovación de saludo a Ureña, soberbio el detalle de compartirlo con Ponce.
La tarde se presentaba con visos de ser triunfal.
Pero ya saben, cuando las tizonas no entran…
Emotivo y torero el detalle de Ponce de brindar la muerte de su primero a Ureña. En medio de una ovación de gala y un nudo en la garganta de muchos espectadores.
Mucho viento, como sigue siendo la tónica, en los primeros toros de la tarde.
Mala suerte de Enrique al herirse con su propio estoque en la parte superior de labio, casi pegado a la nariz.
Afortunadamente nada grave, Pero el apósito era escandaloso.
Nota simpática el cante a Ponce durante su faena al quinto.
Buena corrida de Juan Pedro Domecq. Destacaron cuarto y quinto. En mi opinión mejor el cuarto.
Bien presentada y noble en su conjunto.
Otra nota para el jurado. Atención a esa vara del picador Iturralde en el sexto.









