Irlandés, muy culto y un gran aficionado.
Fue ayer mismo cuando mi hija Mónica me dio la triste noticia. Papá, malas noticias, tu buen amigo John McCluskey ha fallecido, Karen su viuda me lo ha comunicado.
Conocí a John, allá por los años 50/60. Vivía en Valencia, me parece recordar en la calle de Mosén Fenollar. Gran persona. Buen aficionado. Muy culto. También a su pareja de entonces, Eleanor, asimismo buena aficionada, pero muy dada a tratar con los aficionados del taurineo. En muchas ocasiones le dije, Eleanor evita el taurineo, generalmente todos van a la suya. No son sinceros. ni tampoco buenos aficionados. La mayor parte de las veces no me hacía ni caso. John era otra cosa.
Frecuentábamos una tertulia que se había formado en los bajos del hotel Metropol, donde empezaron a dar por televisión algunas corridas de toros, sobre todo de las grandes ferias.
Un día Eleanor me dijo: Paco tenemos amistad con un taxista de aquí de Valencia y hemos concertado un viaje a Madrid de ida y vuelta para asistir a la corrida en que tu torero Antonio Bienvenida va a matar en solitario seis toros en respuesta a la empresa de Madrid, que no lo ha incluido en el serial de San Isidro. No iréis solos –les dije–, desde ahora yo me apunto al viaje. Así lo hicimos. De regreso, felices y entusiasmados por el éxito de Antonio, el taxista se detuvo en un bar de la carretera donde se televisaba el mismo festejo.
En cierta ocasión John y Eleanor me dijeron: Paco, algunos miembros de nuestra tertulia me dicen que en tus años jóvenes eras manoletista, porqué te hiciste bienvenidista. Precisamente por eso, porque Antonio era quien mejor podía satisfacerme como aficionado.
Tempus fugit. Qué gran aficionado se ha perdido. Qué buen amigo acabo de perder,
Dios te guarde. John. Laus Deo.