El toro moderno y el torero de siempre

Manzanares regaló una obra de arte en la primera corrida del abono y abrió la puerta grande tras apurar al mejor toro del encierro de Núñez del Cuvillo. Otra oreja pasearon cada uno un muy dispuesto Castella y un contundente Ginés Marín, que dejó claro que hay que contar con él.

 

Valencia, 21 de julio. Segunda de feria. Tres cuartos de entrada.

Toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados y de poca fuerza aunque nobles y manejables.

Sebastián Castella (de azul noche y oro), oreja y ovación.
Manzanares (de grana y oro), silencio y dos orejas.
Ginés Marín (de burdeos y oro), ovación con aviso y oreja.

 

Paco Delgado

Foto: Mateo

 

La gente acudió a la segunda función de la feria con el susto todavía metido en el cuerpo -ese pitón en la espalda de Chover todavía pone los pelos de punta…-, buscando alegrías en un espectáculo único y que en algún caso les hurtó la poca fuerza del ganado lidiado. Toros de Núñez del Cuvillo -alguno traído deprisa y corriendo tras ser rechazados en el reconocimento previo varios de los desencajonados el miércoles- muy bien presentados, con su seriedad y cuajo pero de poca fuerza. Con volumen, nobleza y docilidad y apenas nada de la emoción que sólo surge cuando hay casta. Lo que se dice el toro moderno. Aunque también los hubo de buen juego. Como el lidiado en su segundo turno por Manzanares, que ya lo vio nada más salir por toriles y con el que se lució al torear de capa. Luego toreó con empaque, gusto y expresión, con mucha plástica y estética, pero también con no poco mando, sin dejar que el toro se rajase y firmando una faena de muchos quilates que rubricó con una fulminante estocada recibiendo que le valió directamente la puerta grande y dejando la impresión de gran figura. Lo que se dice el torero de siempre.

Se arrancó de lejos al caballo el segundo, llevándose una buena paliza y saliendo de la suerte por los suelos. Acusó el castigo y le costó mucho seguir la tela que manejaba Manzanares, sobre todo por el pitón izquierdo, obligando a su matador a tirar de paciencia para intentar sacar lo que no tuvo su oponente.

También dio mucho de sí el  primero de Ginés Marín, de embestir alegre y con fijeza y al que el extremeño, templadísimo y dominador, sacó una faena de corte derechista -por el pitón izquierdo protestó algo más- en la que apuró totalmente las posibilidades que tuvo, perdiendo su recompensa al tardar el astados mucho en doblar. No quiso irse de vacío y arreó desde el primer momento con el blando sexto, aprovechando sus primeras arrancadas y el ímpetu inicial de un astado que protestó la cercanía provocada por las ganas del torero, contundente y muy dispuesto.

Castella paseó la primera oreja tras una actuación de buen tono; lanceó al que abrió plaza ganando terreno hasta sacarlo a los medios y comenzó su faena con sus ya clásicos estatuarios en el tercio. Pasó luego a torear con temple, mano baja y cierto mando, ligando por el pitón derecho y teniendo que perder pasos para hilvanar su toreo al natural antes de volver al lado diestro, por el que el toro tuvo mucho mejor son, acabando, como en él es típico, metido entre los pitones en el tramo final de su quehacer, llevándose ese premio pese a que el estoque cayó bajo y trasero.
El cuarto salió distraído y muy a su aire, renqueando alarmantemente tras su paso por el peto. Con todo Castella brindó su muerte al público y no demostró mal ojo al calibrar las opciones del toro, que tuvo unas primera arrancadas claras y con rectitud, aprovechadas por el de Beziers en varias tandas limpias y de zapatillas atornilladas al suelo. Pero no aguantó el de Núñez del Cuvillo, que se apagó pronto y no permitió que Castella redondease su tarde.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…