El “palomo” a quien nadie cortó el vuelo

Lo ha definido muy bien Andrés Vázquez, “un guerrero”. Así fue Sebastián Palomo “Linares”, un guerrero del toreo, antes incluso de su particular guerrilla con El Cordobés, allá por el 69.

Pero conviene matizar lo de “guerrero”; un concepto que se asienta más allá de los ruedos. Su casta, su valor, su amor propio nadie puede ser capaz de ponerlo en duda. Su aguante de guerrero ante la avalancha de análisis agrios que de siempre recibió de la crítica, sobre todo de aquella autodenominada pura, la que, en fin, se la cogía con papel de fumar. Aquella que le negó el pan y la sal, que solo tuvo ojos para los defectos, pero que ignoró, quien sabe si deliberadamente, su casta, su amor propio y el haberse forjado en el toreo en base a esos principios básicos. Cuerpo de torero cosido a cornadas, como aquella tremenda de Castellón en sus comienzos como espada de alternativa.

Llegó un día en que cometió la ignominia de cortar un rabo en Madrid. ¡Pecado mortal! Cruz que tuvo que soportar durante el resto de su carrera, de cuyo hecho se hizo una cuestión de estado debatida en cualquier foro taurino y del que nunca pudo sobrevivir. Pero su casta de guerrero indomable nadie fue capaz de doblegar. La cruz del “rabo de Madrid” la llevó a cuestas sin que apareciera ningún Cireneo del periodismo taurino de la época, capaz de prestar su pequeña ayuda. Todo en contra. Todos se convirtieron en enemigos del guerrero indomable. Todos. Vestía bien meterse con Palomo. Era como la tarjeta de visita de “buen aficionado”.

La carrera taurina de Palomo no fue, pese a lo que muchos quisieron, han querido y quieren, un camino de rosas. Lo que tuvo se lo ganó en el ruedo. A base de corazón, de dejarse su sangre en los ruedos…de torear con la frescura, fuerza y arrogancia de quien quiere ser. ¡Querer ser! Y lo fue. Los hay que incluso señalan que fue un producto de los hermanos Lozano, que gracias a los Lozano y sus habilidades como apoderados llegó a ser figura. Parte de razón, posiblemente. Pero los Lozano encontraron en Palomo el filón que nunca pudieron imaginar. Ese es el otro lado de la cuestión. Con Palomo los Lozano encontraron la gloria del apoderamiento. Saltaron a un primer plano del taurinismo y ya nunca más se alejaron de él. Gracias, por cierto, a Palomo Linares. ¿Un producto de los Lozano? ¿No sería al revés…los Lozano un producto de Palomo Linares?

No es momento, creo, de deliberar sobre las cualidades de Palomo como torero, que las tuvo muchas e importantes. Sí es la hora de rendir homenaje a uno de los grandes de aquella década prodigiosa, quieran o no quieran los del papel de fumar y otras sandeces.

Palomo no toreó nunca en Valencia como novillero. Es junto a Diego Puerta, que tampoco lo hizo en ese escalafón, los únicos matadores que no torearon como novilleros en Valencia, que llegaron a figuras en una época que la plaza valenciana dictaba sentencia sobre cuál sí y cuál no. Pues hasta en eso se saltó la regla no escrita Palomo.

En Valencia toreó un total de 34 corridas de toros, desde aquél 16 de marzo de 1967 cuando debutó ya como espada de alternativa junto a Litri y Pedrín Benjumea. La última fue en 1981. Ojo al dato: con la corrida de Miura y al lado de Ruiz Miguel y Dámaso González. Por cierto, Palomo nunca rehusó al hierro de Zahariche. Mató miuras en Sevilla por su feria abrileña; lo mismo que en Valencia cuando la de Julio era todavía abono postinero. Otra historia es la batalla abierta por aquellos “galaches” que se disputó en Las Ventas junto a Benítez, que lo dejó fuera de aquél San Isidro porque Benítez era Benítez.. Al cabo de un tiempo unieron sus fuerzas, Benítez y Palomo, en una lucha contra el poder empresarial establecido. Se pasearon ¿? por los pueblos, en plazas de construcción o portátiles, ante la impotencia de los poderes fácticos de aquella tauromaquia. Y a más de un empresario modesto le hicieron ganar más dinero del que nunca imaginó. El rabo de Madrid, la guerrilla con Benítez, el rifirrafe con Camino en el programa de Iñigo, ante millones de telespectadores cuando la TV en España tenía solo dos canales, aunque el de la UHF apenas contaba para la peble. Tres momentos que marcaron la vida de Palomo, cuando la vida taurina de Palomo tenía muchos más componentes para su recuerdo.

En el terreno personal, creo que fueron cinco o seis entrevistas las que le hice durante su carrera. La última, precisamente, su postrera tarde en Valencia. Aquella con los miuras. Siempre accesible, aunque también siempre algo receloso. Aquel día, recuerdo, cuando le propuse la entrevista me soltó que si era para el programa de Fulanito de Tal no había entrevista. “Fulanito de Tal es un trincón, mala gente…”…y algo más, me dijo. No, no era para el tal Fulanito. Era para el programa que en aquella época llevaba yo en la extinta Radiocadena Española. Una buena entrevista, por cierto. Sin tapujos en sus respuestas. Con su verdad por delante. Por cierto, al cabo de los años, Palomo y Fulanito de Tal se abrazaban por cualquier callejón de cualquier plaza de toros. No coment.

Se ha marchado un guerrero, lo ha dicho Andrés Vázquez. Un eterno guerrero. Capeó mil temporales y nadie fue capaz de mandarlo a las profundidades del toreo a pesar de los esfuerzos de algunos. Por algo sería. Por algo fue, desde luego. Le ha fallado el corazón, aquél corazón que puso tantas veces delante de los toros. Aquél corazón de un Palomo al que nadie fue capaz de cortar el vuelo.

Nació en Valencia en 1950.
De 1993, sigue en la actualidad en formato digital. Diario “El País”.

De 2002, sigue en la actualidad. Corresponsal taurino en la Comunitat Valenciana.

Ha escrito los libros “Memoria de Luces”, trilogía, historia de la plaza de toros de Valencia (1857 a 2000). “Antología poética de Rafael Duyos”, semblanza biográfica, (Diputación de Valencia, 2009); Colección “Mestres/Maestros” (Diputación de Valencias), seis volúmenes sobre las figuras del toreo valenciano, junto a Pepe Luis Benlloch. “El espacio y sus personajes” (Diputación de Valencia, 1997), multidisciplinar; “150 años de la plaza de toros de Valencia” (Diputación de Valencia, 2009), multidisciplinar; “Manuel Granero, una leyenda” (Diputación de Valencia, catálogo 2022, con motivo de la exposición del mismo título de la que fue comisario. “Historia de la Feria taurina de Fallas” (Diputación de Valencia / Avance Taurino, catálogo, 2014), exposición comisariada junto a Paco Delgado; “25 años de Avance Taurino” (Avance de Publicidad). “La huella escrita”, 40 años de periodismo taurino (Avance de Publicidad).

Artículos y colaboraciones en distintas publicaciones de ámbito público y privado, libros de fiestas (Libro Oficial de la Semana Santa Marinera de Valencia), etc.

Charlas, coloquios, conferencias, mesas redondas, en distintos puntos de la geografía española.

Presentador de eventos: conciertos de música y otros. Autor de diversos prólogos de libros de temática variada.

Miembro asociado de la Unió de Periodistes Valencians, con el número 123.