El novillero mexicano Jusef Medina sorprendió a los aficionados ejecutando las antiguas del Tancredo y el salto de la garrocha.
Fue ayer domingo en la plaza de toros Monumental de México, en la tercera novillada de la Feria del Aniversario. Lo hizo ante un novillo de Villar del Águila sobre un pedestal en el que podía leerse: “El mundo es de los locos… pero el universo es de quien se atreve.”
En seguida se convirtió en un héroe popular, al que dedicaban coplas:
Don Tancredo, Don Tancredo
que en su vida tuvo miedo.
Don Tancredo es un barbián
Hay que ver a Don Tancredo
subido en su pedestal.
El llamado hipnotizador de toros se jugaba la vida por 500 pesetas. Cogidas tuvo, como la grave cornada del 23 de junio de 1901 que sufrió en Madrid por un astado de Anastasio Martín. Sufrió otros varios percances y el ministro La Cierva en 1908 llegó a prohibir su actuación. El auténtico don Tancredo murió en la miseria el 29 de septiembre de 1923 en el Hospital Provincial de Valencia. Cuando murió, un humorista dijo que se trataba de un caso insólito: era el primer albañil que había ganado dinero estando parado. Para bien o para mal, un símbolo de nuestra raza.
La figura de Don Tancredo ha inspirado a pintores como Pablo Picasso, a novelistas como Pío Baroja en su novela La busca, a actores como Fernando Fernán Gómez, quien lo encarnó en la película El inquilino.
Y le dedicó una “letrilla desangelada” el poeta Luis López Anglada:
“Fantasmón de cal y arena…
Blanco sin pena ni gloria
que no dejó más memoria
de sí que una estatua al miedo
Don Tancredo”.
Y Octavio Paz, se identifica con el toro, que no logra cornear a la estatua inmóvil: “Don Tancredo se yergue en el centro, relámpago de yeso…”
Su figura inspiró el disparate cómico lírico en un acto y dos cuadros titulado La Estatua de Don Tancredo, de Manuel Garrido.









