Tampoco la quinta de abono fue una función lucida y brillante y sólo la última faena de la corrida resarció a los espectadores del tedio previo. José Garrido supo entender al segundo toro de su lote y cuajó una faena siempre a más que le valió la única oreja de una tarde que no tuvo más historia.
Valencia, 15 de marzo. Quinta de abono. Un tercio de entrada.
Toros de Fuente Ymbro, desiguales de presentación y de poco juego en conjunto, siendo los mejores segundo y sexto.
Juan Bautista (de azul noche y oro), silencio con aviso y silencio.
Daniel Luque (de tabacoy oro), ovación y silencio.
José Garrido (de musgo y oro), silencio con aviso y oreja con otro aviso.
De las cuadrillas destacaron Caricol y Antonio Chacón.
Valencia. Paco Delgado. Foto: Mateo
Hubo que esperar al sexto de la tarde para que la función se fuese arriba, para que tuviese contenido y la gente saliese satisfecha y cntenta de la plaza. Y eso que al principio el toro tuvo una embestida descompuesta y sin humillar, pero a base de firmeza y de bajar mucho la mano José Garrido fue corrigiendo aquellos defectos, logrando series limpias, largas y de buen trazo y, desde luego, los mejores naturales del festejo, asegurando el triunfo al dejar un fenomenal estoconazo después de haber recibido un aviso antes de montar la espada.
Se corroboraba así el bueno ojo de Alfonso Vázquez, el mayoral de la ganadería, que por la mañana y tras el sorteo señalaba como los dos posibles mejores toros del encierro a este sexto y al segundo astado. Este dio dos vueltas al ruedo antes de acudir al capote de Daniel Luque. Fue por su cuenta al caballo, saliendo de la suerte por los suelos. Esperó en banderillas, poniendo las peras muy a cuarto al personaje, pero tuvo muy buen sol en la muleta. Sin malas intenciones y dejándose hacer. Sólo cuando su matador se colocó mal protestó. Dejó Luque un quehacer como a saltos, con fases de toreo templado y hasta ligado y otras de respingo, paso atrás y atragantón.
Una muy desigual corrida de Fuente Ymbro, tanto en presencia como en comportamiento, fue la base y razón de lo deslucida que resultó la quinta función del abono fallero, aunque también los matadores pusieron de su parte para que el aburrimiento fuese la tónica de la misma.
Abrió plaza un toraco de 600 kilos, serio como un brigadier pero que se empleó poco en los primeros compases de su lidia. Le costó desplazar su aparatosa y onerosa anatomía y eso que tuvo intención de embestir, siguiendo con celo, o intentando hacerlo, porque no siempre pudo, la muleta de Juan Bautista, que tampoco pudo lucir cuanto hubiese querido. Y aunque mostró un alto nivel técnico no acabó de dar emoción a un trasteo tan largo como frío.
Volvió a estar mucho rato con el cuarto, que dio un buen susto a César Fernández cuando éste cayó ante la cara del toro y tuvo que hacerse un auto quite, sin que milagrosamente pasase nada. Y nada pasó tampoco cuando el de Arles muleteó sin confianza ni decisión, dejando otra labor insulsa, de muchos muletazos pero sin decir nada.
Fue aplaudido de salida el muy serio y bien armado quinto, que tuvo en su presencia su mayor virtud. Entró al caballo al relance y no se empleó nunca en el último tercio, frenándose y gazapeando en una faena muy desordenada en la que sólo cabe destacar la voluntad de Luque y la fulminante estocada con que despenó a un toro que fue pitado en el arrastre.
Antes José Garrido recibió con tres largas de rodillas al primero de su lote, muy en el tipo de la ganadería. Resistió firme y valiente las primeras oleadas de su oponente, haciéndose enseguida con el mando de la situación a base de aguante, aunque con una velocidad de más por el pitón derecho. Por el pitón izquierdo ya no fue igual, colándose el de Ricardo Gallardo y al volver a la derecha su trasteo ya no remontó.







