Anda revuelto el mundo taurino. Con razón, no en vano últimamente pintan bastos y hay muchas dudas y no menos pegas. La política, que como decía Groucho es el arte de crear problemas donde no los hay, sigue tocando los costados a la tauromaquia. Continuando con el razonamiento del personaje que hizo célebre el actor Julius Marx, los políticos son expertos en crear complicaciones, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.
Y así ha ocurrido con la redacción de los más recientes pliegos de condiciones para sacar a concurso plazas de toros de titularidad o propiedad pública, caso de Zaragoza o El Puerto de Santa María, para la que hasta incorporan una cláusula en la que se avisa que no se admitirán festejos en los que se denigre o atente contra la dignidad de la mujer. Toma ya. ¿Se puede ser más imbécil? Yo creo que sí, pero mejor no tentar al diablo… qué se puede esperar de un Ayuntamiento en el que, en Navidad, en el belén municipal, se empeñaron en poner una niña Jesusa…
Y ante todo esto, van los taurinos y se reúnen. Hace unos día fue. Se reunieron en Madrid representantes de la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET), Fundación del Toro de Lidia (FTL), Unión Nacional de Picadores y Banderilleros Españoles (UNPBE), Unión de Toreros (UT) y la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL), para entre todos ver cómo, principalmente, adecuar los pliegos de condiciones de arrendamiento de las plazas de toros de titularidad pública. Y miembros de todas esas asociaciones profesionales del mundo del toro acordaron trabajar juntos, codo a codo, en busca de una adecuación de los pliegos de condiciones a la realidad socio-económica actual, intentando optimizar -o, al menos, tratar de que no sea tan gravoso- el arrendamiento de las plazas de toros propiedad de Ayuntamientos o Diputaciones. Lo que está muy bien.
Y no faltan palmeros que, extasiados, anuncian que empresarios, toreros, ganaderos, subalternos y la Fundación del Toro de Lidia se comprometen a “abordar conjuntamente los problemas que afectan externa e internamente a la Tauromaquia”. Y que, al fin, ¡albricias! ¡alabado sea el Santísimo! se ha producido la tan ansiada unión, la mayor muestra de unidad del sector que jamás vieron los siglos… cuando, se ha demostrado una y mil veces -a la sazón cada vez que hubo un intento de ello- que en el mundo de los toros es imposible este tipo de planteamientos en común: el G10, el G5, el Plan Pentauro, etc. etc. son buenos ejemplos. ¿Cuánto duraría una entente así al plantearse una adecuación de honorarios o una revisión del modelo de prestación a la Seguridad Social? ¿Quién aguantaría aliado al decretarse que para dar viabilidad a las novilladas habría que limitar costes y eso empieza por reducir la composición de las cuadrillas? ¿Se acataría lo establecido por una imaginaria y efectiva Federación Taurina Española? Si no fuera por que, ahora mismo, eso es impensable, esa alianza duraría menos que mi nómina. También hay que hacer autocrítica y corregir errores que pesan no poco a la hora de dinamizar el negocio taurino.
Y no les faltan motivos para clamar contra ese maltrato que muchas Administraciones llevan a cabo, buscando, de manera soterrada o directamente, atacar a la tauromaquia. Pero, insisto, habría que empezar la casa por los cimientos y esos cimientos sólo aguantarán un edificio sólido y resistente si se produce esa tan ansiada como quimérica unión -tan quimérica como que hasta hubo que ir a juicio para conseguir que los derechos de televisión de los banderilleros se pagasen no sólo a los afiliados a una de las asociaciones profesionales que agrupan a los toreros de plata…- y se trabajase con seriedad y rigor y no cada uno arrimando el ascua a su respectiva sardina.
Vuelvo a Groucho, personaje tan extraordinario y maravilloso que, desgraciadamente, nada tuvo que ver con su soporte humano y real. Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado. Y que cuando el dinero se acaba, el amor huye por la ventana.









