Ejercicio de pito y confusión

Albacete, 15 de septiembre. Octava de feria. Lleno.

Dos toros para rejones de Ángel Sánchez y Sánchez, buenos, y, para lidia a pie, dos de Domingo Hernández, segundo y tercero, y dos de Garcigrande, desiguales.

Diego Ventura, ovación y oreja con petición de otra y dos vueltas al ruedo.
El Juli (de jade y oro), silencio y dos orejas tras aviso.
Alejandro Talavante (de esmeralda y oro), dos orejas y silencio.
Vaya por delante, por si alguien se queda sólo con el titular, que la corrida de ayer dio para mucho y fue triunfal y, por fases, brillante, saliendo a hombros, con toda justicia, El Juli y Talavante, y casi casi Diego Ventura, que también estuvo muy bien. Pero vivimos tiempos confusos y revueltos y la gente no suele estar contenta con nada. La cuestión es protestar y llevar la contraria. Pese a que hubo mucho de interesante y bueno en el ruedo, muchos espectadores protestaron airada y hasta con mala educación y peor estilo cuando desde el palco se negó la segunda oreja a Ventura y volvieron a oirse denuestos y silbidos cuando El Juli paseaba las dos orejas de su segundo toro. Un despropósito.

Lo bien cierto -¿o no?- es que se lidió un encierro -con dos toros para rejones de Ángel Sánchez y Sánchez y cuatro de Domingo Hernández-Garcigrande- de juego desigual pero con lotes parejos para el triunfo de cada uno de los actuantes.

El primero que lo consiguió fue Alejandro Talavante, que se las vio con un primer oponente manso en el caballo pero noble y pastueño en la muleta, luciendo el extremeño al torear primero en redondo y luego al abandonarse a su toreo sui generis, dejando un trasteo original e imaginativo rematado con una inapelable estocada. Con el que cerró plaza, sin entrega y muy a la defensiva, entrando al paso y frenándose, abrevió ante lo obvio.

El Juli, que nada puso sacar en claro de su muy blando primero, con el que se lució al veroniquear tanto a pies juntos como con el compás abierto, toreó al quinto -cuya muerte brindó a Manuel Escribano- con parsimonia y mucha suavidad, bajando poco a poco la mano en una sucesión naturales-circulares-naturales de eje inmóvil, componiendo una faena de muy largo metraje para disfrute propio y ajeno.

Actuó en primer lugar Diego Ventura, que explotó en su segundo turno en una actuación siempre a más y en la que, sobre “Sueño”, entusiasmó al llevar a dos pistas a un toro también cada vez más encelado, y maravillando cuando bailó a lomos de “Chalana” o al clavar al violín con “Remate”, pidiendo la gente con mucha fuerza una segunda oreja que no llegó. Con el que abrió plaza no acabó de conectar con la gente

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

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