El escritor Ignacio Aldecoa Isasi nació en Vitoria el 24 de julio 1925. Estudió Filosofía y Letras en las universidades de Salamanca y Madrid. En el célebre Café Gijón de Madrid conoció a otros escritores como Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Alfonso Sastre, Jesús Fernández Santos y a la que sería su mujer, Josefina Rodríguez, más conocida como Josefina Aldecoa. Estos, junto con otros escritores emergentes, formaron el llamado grupo de la narrativa de los cincuenta.

Su carrera literaria la inició como poeta con las obras Todavía la vida, publicada en 1947 y El libro de las algas, en 1949. Más tarde, se dedicó a la novela y, sobre todo, a cultivar el cuento, género del que acabó por convertirse en todo un maestro. Su producción novelística se reduce a cuatro títulos, a pesar de que tenía un proyecto consistente en elaborar tres trilogías, con la pretensión de abordar tres grandes temas: el trabajo en el mar, el trabajo de las minas y un tercer grupo formado por el mundo de los guardias civiles, los gitanos y los toreros.
Aldecoa murió en Madrid el 15 de noviembre de 1969. Su prematura muerte le permitió escribir únicamente una parte de la primera, que fue la novela titulada Gran sol, publicada en el año 1957, en la que trataba la pesca de altura. Por ella obtuvo el Premio de la Crítica. Y le dio tiempo a escribir otras dos novelas de la proyectada trilogía. El fulgor y la sangre, obra finalista del Premio Planeta de 1954, que trata sobre las mujeres que viven en un destacamento de la Guardia Civil y Con el viento solano, narración acerca de las peripecias de un gitano tras haber matado al cabo de la guarnición de un puesto de la Benemérita.
Independiente de esta trilogía, está la novela titulada Parte de una historia, que escribió en 1967 y en la que analizaba los cambios que por entonces experimentaba la sociedad española. Y también firmó guiones cinematográficos y de televisión. Algunos basados en sus propios cuentos, como Young Sánchez, Con el viento solano y Los pájaros de Baden- Baden. Y otros como Gayarre y El pequeño río Manzanares elaborados expresamente para estos medios.
Unos cuentos que poseen el sabor de las experiencias sentidas y vividas, gracias a sus dotes de observador. Dentro del tema taurino, lo más destacado de su producción fue el relato titulado Caballo de pica, que dio título a una colección de trece relatos publicada en el año 1956. En palabras del crítico Fernández Almagro, se trata de: “Gente taurina, vista en aguafuerte, oída en pasodoble triste.
El protagonista es un torero retirado de los ruedos, Pepe el Trepa, de tan escasa fortuna como dignidad. Ambientada en la España solanesca, después de una tarde de fracaso en el albero, se encuentra con el sacrificio de un caballo de pica que ya no sirve. “Contigo no me hace ninguna gracia” le dice el dueño al caballo que lo sujeta en suelo, en una escena llena de patetismo, mientras Pepe El Trepa se queda mirando la escena, mirándose a sí mismo en ese caballo al que van a descabellar. “Ya no sirves para nada. Cuando un caballo viene a parar a la pica por algo será, digo yo“, frase que encierra toda la filosofía del relato.
.