Cuando todo vale

Un pletórico Roca Rey sale a hombros en Alicante.

 

Alicante, 23 de junio
Tercera de feria
Tres cuartos de entrada.

Toros de Victoriano del Río, desiguales de presencia y manejables.

El Fandi (de morado y oro), oreja y ovación.
Manzanares (de corinto y oro), oreja y ovación tras aviso.
Roca Rey (de siena y oro), dos orejas y oreja.


Paco Delgado

Foto: Verónica Soriano

La manía de la gente de apurar hasta el último minuto para acceder a sus localidades hizo que el tercer festejo de Hogueras comenzase con un cuarto de hora de retraso. La mala educación se impone. Todo vale.

Como se impone el afán de El Fandi por gustar. Antes de poner a su primer toro en el caballo instrumentó tres largas de rodillas, otras tantas verónicas semigenuflexas, cuatro o cinco chicuelinas y varios lances de adorno. Luego evidenció una vez más sus extraordinarias facultades físicas y levantó al público de sus asientos con sus pares de banderillas. Si al clavar el tercer par coge el estoque y tumba al toro, el delirio. Pero no cedió a la frivolidad y, muleta en ristre, desaprovechó a un toro con movilidad y nobleza. Los rodillazos, desplantes y efectismos finales hicieron su papel en la gente y se llevó la primera oreja de la tarde. Todo seguía valiendo.
El abanto cuarto, mucho más endeble, le impidió repetir el guión en el primer tercio. Pese a la poca fuerza del animal, banderilleó con gran aparatosidad e intentó dar fiesta durante mucho rato a un toro que no se tenía en pie.

La quietud fue la nota dominante en la actuación de Roca Rey, que se hizo ovacionar al quitar al tercero con chicuelinas y tafalleras sin enmendarse. E inmóvil y con los pies clavados a la arena siguió tras brindar a Manzanares, ligando otra faena muy templada a un nobilísimo ejemplar de Victoriano del Río al que llevó uncido a su muleta. Los adornos finales y el estoconazo fulminante acabaron por enloquecer al respetable, al que le pareció poco premio las dos orejas concedidas.
El sexto, con sus buenos seis años encima, apretó en banderillas y no tuvo gran entrega en la muleta. Sí que la tuvo su matador, que puso todo de su parte para lucir y agradar en un trasteo marca de la casa en la que todo el gasto lo hizo el torero peruano.

Con su noble y bonancible primero, Manzanares basó todo a la estética, guardando las distancias y con notable velocidad. Una serie al natural con empaque fue la excepción de una labor basada en  redondos encadenados sin excesiva profundidad. La gran estocada, y el paisanaje, le valió la oreja.
El anovillado quinto, al que se picó de cualquier manera, no estaba para florituras y aprovechó para explotar su potencial plástico en una faena de más envoltorio que contenido.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…