A pesar de que todo apuntaba que ocurriría una tragedia, había que ser políticamente correctos y permitir que un grupo de ultras rusos aterrizasen en España y montaran una guerra campal. También quiso la dirección de ARCO ser políticamente correcta y pidió disculpas por no permitir que el arte se mezclara con una ideología que no se ajusta a la ley. Y los que dictaron la retirada de carteles con imágenes de toreros y censuraron cuanto tenía que ver con el toreo señalaron que en España vivimos bajo una dictadura e inmersos en la censura. Acojonante.
Bengalas lanzadas a modo de bazooka con la intención de malherir, contenedores volcados y empujados hacia los seguidores del equipo rival, puñetazos, cubos de basura por los aires golpeando las cabezas de los contrincantes, patadas voladoras pretendiendo romper la espalda del agredido… una auténtica batalla campal que dolía en el alma contemplar y que acabó con no sé cuántos heridos y un ertzaina fallecido tras explotarle el corazón de tanta tensión. Ocurrió el pasado jueves en Bilbao en el encuentro que enfrentaba al Athletic contra el Spartak de Moscú. Llega a suceder algo mínimamente similar en una plaza de toros y se prohíbe la tauromaquia de forma contundente para los restos.
Fue algo evitable. Sólo había que impedir la entrada en España de los ultras rusos, conocidos por las continuas fechorías que llevan a cabo allá por donde pasan, por sus antecedentes delictivos, por su vocación bélica. Un grupo de radicales preparados para luchar que viajan con las intenciones más sanguinarias metidas en sus cabezas de chorlito. Todos los medios de comunicación alertaban de lo que era más que probable que ocurriera, pero se les permitió llegar hasta el estadio. Era lo políticamente correcto porque se estila la tolerancia, la confianza, la libertad unidireccional y el ser gilipollas. Al final el desenlace fue el que se auguraba. Lamentable. Mejor haber sido un poquito más duro, menos ingenuo, más autoritario, menos idiota, y del mismo modo que los violentos vinieron a nuestro territorio haberlos despachado para su casita. Así se hubieran evitado los no sé cuántos heridos y, sobre todo, el inocente fallecido.
Sé que el fútbol no es eso, pero eso es lo que ocurre en los estadios de este mundo con demasiada asiduidad. La prensa nos recordaba en sus últimos reportajes la cantidad de muertos que se producen cada año, y nadie se plantea prohibir el deporte rey, afortunadamente. La solución es otra, la de una corrección política menor y mayor compromiso político con la gente de bien. Porque a esos exaltados nadie les va a inculcar la educación que, por ejemplo, tienen los aficionados a los toros, hartos de soportar insultos y vejaciones de los antis sin entrar al trapo de la violencia.
También pretendió ser políticamente correcta hace sólo unos días la dirección de ARCO, la Feria de Arte Contemporáneo, que pidió disculpas después de excluir una de las exposiciones que se exhibían en su recinto porque incluía entre sus obras fotos de personas que el artista había señalado como presos políticos cuando realmente eran políticos presos. ¿Y por qué se disculpó ARCO? ¿Por defender la verdad y la legalidad? ¿Por intentar evitar la provocación? ¿No debería haber sido el artista quien pidiera disculpas por su manipulación y manifiesta intención política, más que artística?
De inmediato se sentenció que en este país vivimos en dictadura y sufrimos censura. No se habló del intento de utilizar la mentira en el arte con fines de adoctrinamiento ideológico; eso no, porque hay que seguir siendo políticamente correcto. Y de inmediato recordé cuando en 2013 el Ayuntamiento de Barcelona retiró el cartel anunciador de la exposición World Press Photo porque se trataba de una instantánea del torero Juan José Padilla calándose la montera. No era ninguna publicidad taurina ni había toreo ni toro de por medio, pero aquello había que eliminarlo porque a los políticos catalanes no les gustaba; nada que ver con la libertad ni la legalidad.
Y claro, así las cosas ¿cómo sólo dos años después los dirigentes catalanes iban a permitir que se anunciase la feria taurina de Zaragoza con una foto de Morante disfrazado de Dalí? Tampoco importó que no hubiese toreo ni toro de por medio, simplemente primó la voluntad dictatorial y censora de los políticos. A ver si va ser verdad eso de que en España vivimos en dictadura y sufrimos censura, porque Cataluña todavía es España ¿no?
Me preocupa la demagogia y la falsedad de muchos de nuestros gobernantes, su intransigencia, que demasiadas veces ralla con la prevaricación, la impotencia que me hacen sentir y que provoca que piense que no estamos en buenas manos, en manos limpias y claras. No me gusta la falta de valentía y personalidad que inunda la clase política, más interesada en una demagógica corrección aséptica que en el verdadero compromiso que debería tener.









