Domingo, 22 de septiembre de 2024. Plaza de toros de Algemesí. Segunda de feria Lleno en tarde agradable. Novillos de Cebada Gago, de desigual presentación y juego. Pedro Gallego (verde esmeralda y oro), silencio tras aviso y oreja tras aviso.Cid de María (ceniza y oro), oreja y oreja. Actuó como sobresaliente Sergio Salas El Pijorro (azul y plata). Presidió Victor del Olmo, vicepresidente de la Comisión taurina.
Enrique Amat, Algemesí
Pasó la Dana, que al final no se hizo presente en Algemesi, donde prosiguió la feria con gran ambiente en la calle y los tendidos.
Los novillos de Cebada Gago exhibieron una desigual presentación y su juego también fue desigual. Mucho volumen y seriedad tenía el burraco salpicado que abrió plaza. Largo, silleto y rematado por detrás, le pegaron fuerte en varas. Muy agarrado al piso y a la defensiva, le costó mucho desplazarse y se rajó pronto. Al también burraco segundo, más terciado y engatillado de pitones, le midieron el castigo en el caballo. Aun así, se echó al principio del trasteo, blando y escaso de fondo y de poder. Un astado que quiso más que pudo.
Hasta tres veces fue al peto el negro tercero, que empujó en varas. Luego, en la muleta, tomó los engaños con prontitud y alegría, encastado y sobrado de movilidad. Le sobró soltar la cara y regañar algo.
Muy astifino el negro cierraplaza, al que castigaron con saña en varas con la aquiescencia de su matador. Rebrincado, exigente y algo protestón, no regaló ni una embestida.
Pedro Gallego lanceó con facilidad y solvencia a su primero. Brindó su muerte a los padres del novillero Borja Collado. El jienense planteó su faena en el platillo de la plaza, asentado y firme, y siempre por la línea del ortodoxia, aunque el novillo no le dio opciones, y aquello no acabó se tomar vuelo. No acertó con los aceros.
Muy espoleado, comenzó de hinojos su faena al tercero al que, con seguridad y aplomo, firmó una faena de largo metraje y no exenta de mensaje. Mató de una estocada corta muy trasera.
Cid de María saludó con tres largas de rodillas a su primero. El de Guadalajara lo intentó con aseo ante un astado justísimo de fuerzas y que se defendió. Con todo, fue capaz de sacarle muletazos de buen trazo, y que siempre remató con pases de pecho de pitón a rabo. Tuvo la virtud de exprimir a un novillo muy apagado. Mató de pinchazo y estocada.
Y también lo intentó ante el cuarto, en un trabajo de más fondo que forma, bien planteado en las afueras y por encima del novillo. Mató de una estocada hasta los gavilanes de efectos contundentes.









