El ganadero castellonense Pedro Jovani, o por mejor decirlo, su hija Aida, protagonizó un más que satisfactorio debut como criadora de reses bravas en la plaza de toros de Valencia, en la novillada sin picadores con la que comenzó el ciclo fallero. Desde su finca de San Mateo envió un encierro bien presentado, con lustre y cuajo suficiente para este tipo de festejos. Variados y vistosos en sus pelajes, y algunos con mucho remate, su juego tuvo mucho que comentar. Resultó tan variado como rico en sus matices. Sus utreros estuvieron sobrados de carácter, personalidad y plaza. Un conjunto que a nadie dejó indiferente, y que a todos interesó. Noble y manejable resultó el burraco que abrió plaza, de nombre Ratero, un ejemplar que repitió las embestidas con fijeza y humillando, y siempre rompiendo para delante. Abanto salió de chiqueros el segundo, Cigarrero, negro bragado. Distraído y suelto, se dolió en banderillas. Algo rajado y remiso y con querencia a los adentros, sin embargo tuvo celo y quiso embestir cuando se le dejaba la muleta puesta, aunque ni le sobró clase. El tercero, Gibraltareño de nombre y colorado careto de capa, resultó excelente para su matador. Exhibió un gran tranco en banderillas y con la muleta tuvo las virtudes de la fijeza, la prontitud y el temple, con el aditamento de meter siempre la cara en las telas muy humillado. El ensabanado y bocinero cuarto, que atendía por Rosquillo, siempre quiso y pudo y repitió sin descanso. El cuajado …






