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El anuncio de los carteles de la feria fallera de 1982, cuya organización siguió corriendo  a cargo de la sociedad integrada por los hermanos José y Manolo Flores Camará y Pedro Martínez Pedrés, con Emilio Miranda en funciones de gerente, causó una gran expectación entre los aficionados valencianos. Y es que el ciclo se planificó alrededor de la figura de Vicente Ruiz El Soro. Un novillero de Foios surgido de la huerta valenciana, quien había comenzado su carrera en los ruedos  apenas hacía tres años y cuya alternativa se anunciaba para el día de la apertura del abono. A Vicente, apoderado por la propia empresa, se incluyó en tres de los festejos feriales y se convirtió de esta manera en el auténtico protagonista del abono.   Un ciclo, el de aquel año 1982, que no fue demasiado extenso en cuanto al número de festejos, ya que se vio compuesto finalmente por cinco corridas de toros, dos novilladas picadas y un festejo de rejones, pero que resultó intenso en su contenido. Junto al  triplete de comparecencias de Vicente, Dámaso González se anunciaba en dos tardes, y el resto de la torería andante a actuación por cabeza. En estas Fallas comenzó una temporada al final de la cual se retiraría Paco Camino de los ruedos, y en la que seguían en la brecha los dos ilustres veteranos reaparecidos el año anterior, Antonio Chenel  Antoñete y Manolo Vázquez, quienes habían cumplido breves pero intensas y triunfales campañas el año anterior. Un año aquel …

La temporada de 1979 en Valencia se abrió con un cambio en la dirección de la plaza de toros. El día 3 de Enero se hizo público que los nuevos empresarios del coso valenciano serían los integrantes de la sociedad formada por los hermanos José y Manolo Flores Camará y el matador de toros retirado Pedro Martínez Pedrés. Estos se comprometieron a pagar un canon de 45 millones y medio de pesetas por temporada para la explotación de la plaza, y nombraron como gerente a Emilio Miranda. Para lo que iba a constituir la feria de su presentación en Valencia, presentaron un abono compuesto por seis corridas de toros, un festejo de rejones y dos novilladas picadas. Unos carteles a priori sobrados de alicientes, si bien algunos aficionados manifestaron sus quejas debido al sensible aumento que experimentaron el precio de las localidades.   Alternativas La primera corrida de aquellas fiestas josefinas, que tuvieron como Fallera Mayor de la ciudad a Maria Luz Fos Blanco, se celebró el domingo día 11 de Marzo, con la alternativa del sevillano Emilio Muñoz. Este espada se había hecho un excelente cartel en esta plaza en su singladura como novillero, y el anuncio de su doctorado despertó una gran expectación. Vestido de blanco y oro, el jovencísimo toricantano, quien tenía dieciséis años el día de la ceremonia, cumplió con dignidad con su compromiso, aunque no pudo llegar a tocar pelo a pesar de su excelente disposición, dando la vuelta al ruedo tras despachar a Limpiador, …

  El escritor Eugenio Noel, quien combatió con empeño el flamenco y los toros, a pesar de ello no dejaba de ser un aficionado a la fiesta de los toros, espectáculo que estudió con interés y al que acudía con frecuencia.   Enrique Amat Noel es elseudónimo de Eugenio Muñoz Díaz, quien nació en Madrid el 6 de septiembre de 1885. De humildísima extracción social, era hijo de una sirvienta y de un lazarillo de ciego. Tras cursar sus primeros estudios, ingresó como seminarista en los cartujos de Tardajos, en Burgos. Noel descubrió pronto su falta de vocación religiosa y regresó a Madrid, pero prosiguió sus estudios en el Seminario Conciliar de San Dámaso y posteriormente en Malinas (Bélgica), con el cardenal Mercier. De nuevo en Madrid, asistió durante muy poco tiempo a clases de Derecho en la Universidad.  Comenzó entonces a vivir la bohemia literaria madrileña. Era un habitual de la tertulia del Café Nuevo de Levante que presidía el gran Ramón María del Valle Inclán y en esta etapa publicó “Alma de santa”, su primera novela corta, y colaboró en “El Imparcial”, gracias a la ayuda de José Ortega y Gasset. A principios del siglo XX, su espíritu regeneracionista le impulsó hacia el antitaurinismo, dentro de la corriente cívica de opinión que venía a combatir un fenómeno más ampliamente denominado flamenquismo. Azote implacable del hecho taurino, lideró esta corriente. Su utilización negativa de los arquetipos taurinos que narra en obras de ficción como Las capeas, La novela del …

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