Catar, toros y Luis de la Fuente. Artículo de Carlos Bueno

Ante los ataques que actualmente está sufriendo la tauromaquia, el sector taurino persiste en un inmovilismo desesperante, un pasotismo que parece reflejo del mundo en el que vivimos. Ya lo dijo Ortega y Gasset: “Quien quiera saber el estado de la sociedad sólo tiene que asomarse a una plaza de toros”.

 

 

Terminó la vigésima segunda edición de la Copa Mundial de Fútbol celebrada en el estado árabe de Catar, una monarquía absolutista que ha sido gobernada por la misma familia desde mediados del siglo XIX. En 1995, el jeque Hamad Al Thani se convirtió en emir después de deponer a su padre en un golpe de Estado. Desde 2013, el príncipe es su hijo, que accedió al cargo tras la abdicación de su progenitor.

 

Gracias a su petróleo, a sus perlas y a poseer la tercera mayor reserva mundial de gas natural, Catar es el país con mayor renta per cápita del planeta y está extendiendo su influencia global a través de su televisión estatal Al Jazeera. A fin de promover el turismo ha invertido miles de millones de dólares en recubrir de lujos la nación y en atraer la mirada internacional gracias a la organización de grandes eventos deportivos, como el Mundial de Fútbol.

 

En junio de 2017, varios estados musulmanes cortaron las relaciones diplomáticas con Catar y le impusieron un bloqueo acusándolo de financiar el terrorismo, así como de manipular los asuntos internos de sus territorios vecinos. Antes de la celebración de la Copa del Mundo, diversas agrupaciones y medios de comunicación expresaron su preocupación acerca de su idoneidad para acoger un acontecimiento de tanta repercusión. Además de las denuncias por apoyar el terrorismo islamista, se cuestionaba su respeto a los derechos humanos, los de la mujer y los de la comunidad LGTBI -ya que la homosexualidad se llega a condenar con pena de muerte-, y trascendía que las inhumanas condiciones laborales que habían soportado los trabajadores que construyeron los estadios para el Mundial, habían provocado la defunción de más de 6.000 operarios.

 

Durante su celebración, tres periodistas críticos con Catar perdieron la vida en extrañas circunstancias, y en medio de todo estalló el Qatargate, cuyo origen tuvo que ver con un reportaje de investigación publicado en la revista francesa France Football en el que se referenciaban irregularidades cometidas por la Federación Internacional en la adjudicación del torneo a Catar, y que continuó con el escándalo de corrupción en el Parlamento Europeo, en el que políticos y sus familiares recibieron suculentos pagos y regalos lujosos del estado catarí a cambio de influencia en Occidente.

 

Y, cuando lo más comprometido con la dignidad del ser humano hubiese sido hacer las maletas y salir de allí para terminar la competición en otro país -eso sí que habría dado visibilidad a todos los asuntos turbios de esta suntuosa teocracia-, la FIFA, los políticos y la comunidad internacional escondieron la cabeza cual cobardes, untadas y serviles avestruces para proseguir como si tal cosa. Que luego nadie venga dando lecciones de tolerancia, feminismo, derechos sociales e igualdad.

 

Toda esta elucubración mental me ha venido a la cabeza porque me he dado cuenta de que los males nunca llegan solos, y que, igual que sucede en el futbol, en este mundo cada cual va a lo suyo. Se cerró la Monumental plaza de toros de Méjico, el Senado de Colombia aprobó las bases con las que pretende prohibir la tauromaquia, y la falta de unión y de solidaridad taurina internacional ha provocado que todo se afronte con una pasividad sorprendente y desesperante. Pensaba que ese pasotismo era una actitud inherente a los taurinos, pero compruebo que en el futbol pasa tres cuartos de lo mismo, aunque no me consuela.

 

Y hablando de toros, futbol y pasotismo, me da coraje comprobar que Luis de la Fuente, nuevo seleccionador español, es atacado en las redes sociales por ser aficionado a la Tauromaquia y la defensa del mundo taurino brilla por su ausencia. Su linchamiento demuestra el absolutismo y la falta de educación, tolerancia y respeto del sector antitaurino, y todo aquel que se declare defensor de las libertades debería manifestarse a favor del entrenador. Que Victorino, El Juli, Tomás Rufo, Emilio de Justo o El Cid escriban un tweet en su apoyo está muy bien, pero se echa en falta una avalancha de comunicados oficiales respaldándole.

 

En Catar no se permite que las parejas se besen en público, ni que las chicas lleven minifalda, ni beber cerveza, ni hay toros… En Méjico y Colombia se puede besar, vestir bikini y emborracharse, pero, ante la inacción e indolencia global, los toros tienen un futuro negro; y veremos en el resto de países taurinos, porque con el sustento de Luis de la Fuente no será suficiente.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».