Calita confirma

Dios una vuelta al ruedo que bien pudo valer una oreja.

 

Las Ventas, 9 de julio.

Un cuarto de entrada.

Toros de Román Sorando.

Joaquín Galdós, silencio tras aviso y silencio.

David de Miranda, silencio y vuelta al ruedo.

Calita, que confirma su alternativa, vuelta al ruedo en los dos.

 

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto. Plaza 1

 

Toros de Román Sorando bien presentados y con buenas hechuras. El primero y el cuarto correspondieron a Calita, quien hizo su confirmación y demostró que venía a por todas consciente de lo que se jugaba. En su primero, encastado y humillador, no escatimó entrega solventando con decisión las dificultades de la lidia. En el otro la actitud y el oficio pudieron con la casta y exigencia exhibida por el toro viéndolo claro, a pesar del desarme sufrido con la muleta, aguantando, mandando y asentando poderosamente los pies en el albero. Joaquín Galdós tuvo un primero mirón y probón que no le facilitó la labor y al que mató con desacierto. El otro manso, deslucido y sin entrega no ayudó. A David de Miranda le correspondió un primero sin entrega ni fuelle. Con el que cerró plaza, aunque duró poco, aprovechó para estirarse con la muleta, torear con gusto y el premio fue una vuelta al ruedo.

Calita recibió templando con suavidad y bajando el capote al de su confirmación de alternativa. Brindó al público. Comenzó de muleta con la derecha sin probaturas citando de lejos, desde el centro del ruedo, tragando en la primera serie de cinco muletazos y rematando con un vibrante pase de pecho que emocionó al respetable. Prosiguió por el mismo lado con igual ligazón y mayor acoplamiento. Por el izquierdo tardeó y, aunque fue irregular la embestida, consiguió ligar series meritorias de tres muletazos. Siguió por el mismo pitón citando de frente y dándolos de a uno por la condición del toro. Su segundo se emplazó y no atendía a los requerimientos de los subalternos. Calita fue a recibirlo y se fajó por verónicas. En la muleta exigió al torero quien, a pesar del desarme en la segunda tanda, citó decidido ayudándose con la voz y consiguió someterlo por ambos pitones. Mató de estoconazo.

Joaquín Galdós fijó a su primero y se estiró por verónicas. Pulcro fue el trasteo inicial de muleta semigenuflexo y por ambos pitones ganando terreno hasta el tercio. En pie y por el derecho enseguida se mostró mirón y comenzó a medir al torero. Se tragaba dos y al tercer muletazo buscaba con peligro. Por el izquierdo junto a la raya de picadores instrumentó una serie lenta, templada y de calidad. Pronto se fue quedando y dejó de pasar. Su segundo manseó y blandeó en exceso. No hubo forma de realizar toreo de lucimiento.

David de Miranda saludó a su primero por verónicas con templanza y transmisión. En terreno del tercio ligó, con la muleta en la derecha, una serie de cuatro corriendo bien la mano y rematando con uno excelente de pecho. La siguiente fue de muletazos de a uno. Cambió al pitón izquierdo, se rajó el toro y no hubo forma de continuar. En el que cerró plaza brindó al público. Inició en el centro del ruedo y se lo pasó de muleta por delante y por la espalda. La serie siguiente por el derecho tuvo calidad, temple, mano baja y un lentísimo pase de pecho. Por el izquierdo tuvo poco recorrido y fue irregular. Fue a menos el toro y finalizó con unas ceñidas manoletinas.

 

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