Sábado, 10 de junio de 2023. Plaza de toros de Mira. Lleno en tarde soleada. Novillos de Juan Vicente Mora, bien presentados y de buen juego. El segundo y el tercero fueron premiados con la vuelta al ruedo. Mario Vilau, de la escuela de Barcelona, oreja tras dos avisos.Daniel Mosset de Citar Guadalajara, dos orejas tras dos avisos.Bruno Gimeno, de la escuela de tauromaquia de Valencia, dos orejas y rabo tras aviso. Entre las cuadrillas destacó la labor del matador de toros Alberto Pozo dirigiendo la lidia. Alberto Cerdan, mozo de espadas de Bruno Gimeno, sufrió un corte en la mano derecha con una banderilla que necesitó dos puntos de sutura.
Enrique Amat, Mira
Una novillada sin picadores, en una plaza pequeña, rústica, pero plena de sabor. Con el pueblo en plenas celebraciones del Corpus y donde se vive la tauromaquia en el más amplio sentido de la palabra. Fuera de lo que son las ferias importantes. Pero uno no tiene empacho en cambiar por un día Madrid por Mira. Y es que también presenta grandes alicientes el hecho de ver la fiesta de los toros en su máxima expresión. Más de uno debía darse una vuelta por estos andurriales, al margen de ir a los festejos de gran lujo. Se celebraban las fiestas del Corpus en Mira y no podía faltar la novillada, de cuya organización se encargó la empresa Promociones Taurinas Setabenses con Diego García al frente.
La plaza se llenó en una tarde de espléndida climatología, con muchos aficionados y profesionales llegados desde Valencia.
Los novillos del ganadero turolense Juan Vicente Mora, bien presentados para este tipo de festejo, dieron buen juego. El primero tuvo clase y repitió sus embestidas incansable. Noble, obediente y colaborador el segundo, un ejemplar que dió un excelente juego y que fue premiado con la vuelta al ruedo. Y más resentido el acalambrado tercero. Un novillo feo de hechuras, que se defendió, esperó y echó la cara arriba, aunque al final acabó dejándose.
Mario Vilau, de la escuela de Barcelona, demostró hace unas semanas en Vinaros un interesante concepto. Se le vio como un torero suelto, puesto y con conocimiento de la profesión. Firmó una faena de largo metraje, lúcida y siempre con criterio, si bien al final no estuvo bien rematada por los aceros. Pero cumplió con creces.
Daniel Mosset de Citar Guadalajara, anduvo por la línea de la compostura y el buen corte. Su trabajo, bien construido y de buen fondo, no tuvo rúbrica con las armas toricidas,
Bruno Gimeno, de la escuela de tauromaquia de Valencia, lanceó con vibración y banderilleó con espectacularidad al tercero, que brindó al fotógrafo Litugo. Enfibrado, expresivo y comunicativo, exhibió unas enormes ganas de ser torero. Zaragatero y martingalista, lo vio siempre muy claro. Mató de una gran estocada y consiguió un triunfo legítimo.









