Lo que acaba de suceder en Colombia no es una victoria jurídica del progreso, sino un proceso viciado contra la cultura. La Corte Constitucional ha puesto fin a las corridas de toros, al rejoneo, a las novilladas, a las tientas, a las corralejas. De un plumazo borra siglos de tradición, de identidad y de vida para miles de familias que encuentran en el astado su sustento y su dignidad.






