A mediados de Agosto, un calor tórrido nos acompaña al dirigirnos a la finca de Alcurrucén: pero aprovechamos para saborear ese paisaje de la Mancha, con inmensas llanuras y carreteras con rectas interminables. Tras el desvío hacia el llamado “Cortijillo”, franqueamos el portal amplio que da entrada a la casa (donde reside el mayoral), un pequeño minarete, y la placita de tientas. Todo respira a reses bravas. Luego nos adentraremos en la dehesa para contemplar lo que tiene reservado Alcurrucén para el año que viene, y lo que resta de temporada donde figura, por ejemplo, la corrida para el Pilar de Zaragoza…






