ANTONIO DOMECQ: “Uno debe poner empeño, sacrificio, afición y dedicación en las cosas que hace”

 

Antonio Domecq, nacido en Jerez de la Frontera y miembro de una de las más destacadas dinastías de rejoneadores de la segunda mitad del siglo XX, es nieto de Álvaro Domecq Díez, sobrino del hijo de éste, Álvaro Domecq Romero y hermano menor Luis Domecq. Toda una dinastía de abolengo, que también está afrontando unos tiempos difíciles.

 

Enrique Amat

No son tiempos buenos para la tauromaquia y tampoco para el campo. Todo está muy complicado, pero tenemos que seguir trabajando con ilusión. Estamos preparando los toros para 2021. Con la misma ilusión que el primer día, porque hay que seguir luchando por esta fiesta tan bonita, tan grande y tan española.”

 

Antonio Domecq estuvo 23 años como profesional. Por la zona valenciana debutó en Benaguacil el 9 de septiembre de 1989. Aquel día se lidiaron erales de Peralta y cortó dos orejas acompañado por los alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Valencia Angel de la Rosa, Tomás Garibo, Luis Blázquez.

“Era mi segundo año en los ruedos. El año anterior había actuado en cinco festejos y aquel 1989 toreé en diez. Iba haciéndome poco a poco. A pesar de que llovió aquella tarde, eché para delante. Cómo no iba a esforzarme, cuando estaba empezando. Tengo muy buen recuerdo de todo aquello. El día anterior actuó mi hermano Luis. Fue el comienzo de todo.”

 

Desde ese momento hasta que se retiró, hay que preguntar si se cumplieron sus sueños.

Lo cierto es que yo estaba dispuesto a luchar. A hacer lo posible. Y ya llegaría donde Dios quisiese. Uno debe poner empeño, sacrificio, afición, trabajo y dedicación en las cosas que hace. Y luego ya vendrán los resultados. Es lo que me enseñaron en casa y eso sigue presente actualmente en mi vida. Hay que sembrar e ir aprendiendo continuamente. Y luego en los resultados ya llegarán”

 

Usted nació en una familia torera. Y desde el principio supo que quería ser rejoneador y dedicarse a los caballos.

“Sí, desde pequeño he estado vinculado al caballo. Y a los toros. Es lógico, por la familia en la que nací. Por edad, mi hermano Luis empezó antes que yo. Con 16 años debutamos en Villacarrillo, el 12 de septiembre de 1987. Siempre venía un grupo grande de gente con nosotros. Mi abuelo, cuando podía, y mi tío Álvaro. Y los amigos que nos apoyaban. También Julio Stuyck, quien siempre estaba con nosotros. Y luego mi hermano y yo nos apoyábamos mucho uno al otro. A mi me gustaba ir con Luis y con los caballos, aprender desde la base para poder llegar, siempre desde abajo. Trenzar el caballo, limpiarlo, peinarlo, hay que empezar por ahí para luego poderte subir a él con garantías.”

 

En el ambiente en el que se crió, no debieron faltar las exigencias.

“Abuelo Álvaro siempre nos daba consejos. Con templanza, con tranquilidad. Y mi tío Álvaro insistía en que las cosas había que hacerlas bien, con ganas, con ilusión. Con entrega. Lo mismo decía mi tía Maribel, la mujer de mi tío Álvaro. Y luego yo aprendía de los jinetes que estaban alrededor de nosotros. Como curiosidad, tengo que decir que mi primer par de banderillas lo puse hombros de Paquirri, que era muy amigo de la casa. Paco venía y se pasaba con nosotros largas temporadas. Y yo siempre estaba detrás de él, le veía como un ídolo. Y un día, después de lidiar una vaca, me hizo poner un par de banderillas llevándome a hombros.”

La suya es una profesión complicada. Porque en un rejoneador se dan cita tres voluntades. La del toro, la del caballo y la del jinete.

“El toreo a pie tiene su dificultad, y se pasa uno al toro más cerca. Pero tiene razón, en el rejoneo hay que dominar a tres seres vivos a la vez, y eso es muy complicado. No se nace sabiendo. A caballo lo fundamental es saber montar y domar. Lo fácil es colocar un palo. Pero hay que entender al caballo, saberlo domar, y conseguir a base de trabajo y esfuerzo ser capaz de llevar al caballo a donde tú quieres.”

 

Siempre ha hablado de la satisfacción que produce preparar los toros en el campo. Incluso más que lo que luego pasa en la plaza.

“El trabajo de campo es más importante que el de la plaza. Y además dura más. En la plaza todo lo haces en pocos minutos. Al principio, casi ni te das cuenta de lo que está pasando. Pero luego ver que el caballo te responde es grandioso. Después de haberlo domado, verle dominado, y haber logrado que sea capaz de pisar los terrenos que tú quieres. En invierno se echan muchas horas de trabajo, y en verano vienen los dolores de cabeza. Porque en la plaza ni todos los toros salen buenos, ni tú te levantas cada día con el mismo ánimo. Y luego hay que entender cosas para luego corregirlas en casa. Una cornada no es tan complicada, porque el caballo no sabe el porqué, ya que casi siempre te la da por detrás.Otra cosa es cuando te dan un golpe. Es más complicado. Es un susto, que se ve venir y se recuerda. El caballo se acuerda y entonces puede venirse atrás.”

 

Ha aprendido cosas distintas de cada uno de los miembros de su familia.

“De abuelo Álvaro aprendí el sentido del temple y el carácter. Lo hacía siempre todo con mucha serenidad. El siempre decía, y es una frase que está en los Alburejos, que hay que ir lento para estar seguro de llegar pronto. En la vida hay que hacer las cosas con calma, y sabiendo lo que se hace, y luego siempre buscando el beneficio de los demás.”

 

De su tio Álvaro las enseñanzas fueron otras.

“De él aprendí el espíritu de sacrificio, la garra, el querer ser mejor cada día. Lo hizo en la plaza, lo hizo con nosotros y hoy día lo sigue haciendo en la escuela que tenemos. Sale en el espectáculo y quiere hacerlo todo lo mejor posible, todavía con la edad que tiene. Es un ejemplo a seguir. Y da testimonio de ese esfuerzo y del espíritu de sacrificio”.

 

Queda su hermano Luis.

Mi hermano es el señorío, la elegancia, el arte. Luis siempre está contento. Nunca se enfada. Y tiene ganas de ayudar a todo el mundo. El se fijaba mucho en abuelo. Él es de arte, es un artista, y tiene ese don que yo no he tenido, el del arte y el del saber estar. Y aprendido mucho con el”.

 

Y de usted qué dicen.

“Yo no soy nadie. Yo quiero que me recuerden por haber estado aquí y haber intentado hacer las cosas bien y que hayan servido para algo.”

 

Los inviernos se hacen largos.

“Sí, ahora más. Si en condiciones normales, también son largos y complicados, ahora todavía más. El que no va a América, tiene que estar entrenando. Hay que buscar cosas nuevas. Es difícil encontrar un caballo bueno. La doma ha evolucionado mucho. Han habido grandes jinetes: Conchita Cintrón, los hermanos Peralta, Moura, Vidrie. Los caballos de antes eran más difíciles de encontrar. Sobre todo el caballo que te hace falta, eso es lo más complicado. El que se adapta a ti. Comprar caballos a otros rejoneadores es complicado, porque el caballo a quien realmente se acopla es a quien lo ha hecho. Tú lo puedes comprar, y ser un caballo bueno para otro jinete, pero no para ti.”

 

Usted ha tenido caballos importantes. Como Caribe.

“Sí, también han estado Óleo, Espléndida, Desplante. Pero Caribe es un caballo al que no se le dió importancia, pero era excepcional. Era un caballo de salida y la gente busca más el caballo artista en banderillas. Pero el de salida es importante, porque es cuando uno se enfrenta al toro, cuando éste está más violento al salir de chiqueros, y es necesario para parar al toro y poderle. Fue muy importante en mi vida y me solucionó muchas papeletas en momentos clave. Luego Luis tenía un caballo muy notable Duende, pero yo no fui capaz de poner un par con él. En 1990 toreamos un festival en Sevilla de Aula taurina. Salieron al ruedo Duque, Duende y Desplante. Y con este Duende, la verdad es que era difícil. Lo que demuestra que los caballos son de su torero.”

 

Fuera de los ruedos, usted sigue con el mundo del caballo.

“Sí, estoy en la escuela de equitación, con mis sobrinos, con mi hijo. Ahora tengo un gran caballo español para doma y espero poder saltar a la pista y abrirme hueco en esta especialidad. No sé si habrá otro Domecq en los ruedos. O mi sobrino o mi hijo. Éste es un mundo en sí muy sacrificado, exige constancia, los tiempos son difíciles para el mundo taurino. Es muy complicado, ya veremos.”

A su hijo Antonio le tenemos por aquí por Valencia, estudiando la carrera de veterinaria, que está apunto de terminar. Y está dejando un gran cartel y el nombre de la familia muy alto.

“Tiene maneras. Es muy buena persona. Es maravilloso, y me está enseñando muchas cosas, estoy orgulloso de él. Yo le di un consejo que espero que cumpla: hacer siempre las cosas bien. Un día toreando una vaca me dijo que quería poner una banderilla.Se la puso una vaca y me preguntó cómo había estado y le dije que bien, que había clavado bien, que había toreado, que había colocado el par arriba, pero que eso no era lo lo importante. Eso es lo fácil, poner un par con un caballo domado, eso lo puede hacer cualquiera. Le dije que tenía que acabar la carrera, y luego domar un caballo él solo y cuando se hubiera sido capaz de tomar ese caballo y ya tuviera la carrera de veterinario, yo le pondría todo lo que pueda necesita si quiere abrirse paso en los ruedos.”

 

En 23 años usted alternó con muchos jinetes.

“No quiero destacar a ninguno. Toreé con muchos, con todos, pero no quiero citar a ninguno porque siempre me dejaré a alguien en el tintero. Tuve suerte de torear con gente grande,. pero también me acuerdo de aficionados, de los mozos de cuadra, de toda la gente con la que aprendí a lo largo de estos años.”

 

Por aquí la gente se acuerda de un percance que tuvo en Xàtiva, del que hay una foto espectacular.

“Fue con la yegua Vanidosa. Iba mi sobrino Pablo de mozo de cuadra, porque quería ser rejoneador y me acompañaba para aprender. Yo sabía que aquel toro me iba a coger. Salió ya cortándome la trayectoria y poniéndose por delante. Es de las tardes que sabes que va a pasar algo, y entonces esperas que pase cuanto antes para quitártelo de en medio. Hay que dar gracias a Dios, porque se le quedó una pata cogida entre las tablas en el estribo, encima del casco, y pudo ser peor. Pero gracias a Dios no tuvo mayores consecuencias.”

 

En estos momentos que estamos viviendo es importante tener un sentido trascendente de la vida. Y más cuando se ha visto la muerte de cerca como es en su caso. Eso de vivir de las propinas de dios.

“Es una cosa muy sencilla. Todas las noches hay que darle gracias a Dios. Por levantarse, por tener la oportunidad de tener otro día por delante. Aquí en casa somos muy marianos. Y somos muy de la virgen. Porque la que más te quiere y te querrá siempre es tu madre. Y a la Virgen no hay que dejarla. Hay que pedirle y agradecerle. Ya sea la del Rocío, la de Fátima, la de Guadalupe, la de los Dolores, o la Esperanza Macarena. Todas las madres son nuestras. Nadie te quiere más que tu madre. Hay que darle gracias a Dios por el día y pedirle a tu madre que te ayude. Para salir adelante.”

 

 

 

Nacido en Valencia en 1959. Ha desempeñado su labor en diversos medios de comunicación como Radio Nacional de España, Hoja del Lunes, EL SOL, El Toreo, Toros 92, 6 toros 6, El Taurino Gráfico, El Ruedo, La Lidia, Tendido Alto y LEVANTE EMV, aquí desde 1989 hasta 2016.

Es autor de más de veinte libros de temática taurina y es comisario de la exposición permanente del Museo Taurino de Valencia.

Ha pronunciado conferencias en las sedes del Instituto Cervantes de Beirut, Amman, El Cairo, Casablanca, Almaty, Sofía y los Clubs Taurinos de Londres y Nueva York.

Desde el año 2012 dirige el Foro Taurino del Casino de Agricultura de Valencia y dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.

En la actualidad es redactor en los portales Avance Taurino y Tauroimagenplus, así como en la revista de la Unión de Federaciones Taurinas de España (UFTAE) y colabora en el programa de radio “Toros con El Soro” de Intereconomía Radio y El Remolino de Ocho TV.

Desde septiembre 2019 dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.