Sábado, 15 de julio de 2017. Plaza de toros de Valencia. Media entrada en tarde calurosa. Novillos de La Palmosilla, bien presentados y de buen juego. El quinto fue premiado con la vuelta al ruedo. El Rafi, saludos. Francisco de Manuel, dos orejas. Miguel Senent Miguelito, palmas. Juan Diego, cogido. Borja Collado, dos orejas y rabo. Joao D’ Alva, dos orejas. Juan Diego fue atendido en enfermería de una fuerte contusión en la zona púbica.
Se celebró el segundo festejo de este I Certamen de Escuelas Taurinas en forma de clases prácticas programado dentro de la feria de julio de 2017. Y de nuevo los tendidos de la plaza de toros de Valencia se vieron ocupados por un elevado número de entusiastas aficionados, muchos de ellos muy jóvenes, entre quienes se quiere sembrar la afición a los toros. Una gran iniciativa. Aunque ayer le faltó la joven aficionada Sara M. Gorman Niña del Breixit, quien no pudo acudir a la plaza.
En esta segunda clase práctica se volvieron a lidiar erales de la ganadería de La Palmosilla. Compusieron un lote que tuvo una presentación más que acorde para este tipo de espectáculos. Terciado el que abrió plaza, un ejemplar que tuvo un excelente tranco en banderillas. Luego, en la muleta, tuvo tanta calidad como escasez de fuerzas. Excelente por su movilidad, celo y nobleza el segundo. Con muchísimo motor y apretando una enormidad en banderillas el castaño tercero, que no se entregó ningún momento y no dejó de desarrollar sentido. Muy atemperado y con son el cuarto, al que con todo le faltó algo de clase y un tanto más de recorrido. El acapachado quinto tuvo mucho cuajo y se dejó en la muleta, dando un gran juego. Y también tuvo mucho trapío el castaño sexto, que repitió incansable sus embestidas, aunque siempre exigiendo y al que quizá le hubiera venido bien un puyazo.
Encabezaba el sexteto El Rafi, de la escuela taurina de Nimes. El coletudo francés se mostró como un espada ya preparado para mayores empresas. Banderilleó con facilidad y facultades y muleteó con soltura y recursos. Falló a espadas.
Francisco de Manuel, de la escuela taurina de Colmenar Viejo que dirige Carlos Aragón Cancela, ya había actuado días pasados en la plaza valenciana de Utiel. Se trata de un torero que demostró conocer el oficio y estar muy placeado. A pesar de marrar con los aceros, fue premiado con largueza.
El valenciano Miguelito puso de manifiesto la positiva evolución que está imprimiendo su forma de torear. Más hecho y más cuajado, exhibió un amplio conocimiento de la profesión. Banderilleó aguantando y exponiendo, y plantó cara con solvencia y decisión a las dificultades de su antagonista. Manejó con desacierto las armas toricidas.
Juan Diego, de la escuela taurina de Almería, sobresalió en dos pares de garapullos, en medio de una actuación en el que acusó su bisoñez y sus carencias técnicas. Fue cogido en el epílogo de la faena y no pudo estoquear a su antagonista.
El también valenciano Borja Collado, uno de los alumnos más aventajados de la escuela de tauromaquia de Valencia, evidenció de nuevo que es un torero a tener en cuenta. Firmó una faena asentada, basada en la firmeza de plantas, muy acompasado y con gran expresividad. Siempre con la cintura rota, pleno de cadenciosa y a más. Lució la torería en el epílogo y mató con contundencia.
Y cerraba el sexteto el portugués Joao d’Alva, alumno de la escuela taurina de Vilafranca de Xira, a quien se le vio muy dispuesto. Recibió a porta gayola a su oponente, banderilleó con soltura, y con la muleta causó una notable impresión. Soltura, aplomo y oficio fueron los ingredientes de una labor de buen aire en la que fue aparatosamente volteado. Despenó a su oponente con prontitud.
Foto: Martínez Cantero









