Como cada vez que me saturo y me veo despropiado de afición taurina, recurro al libro novelesco escrito en 1935 por D. Manuel Chaves Nogales (“Juan Belmonte, matador de toros”). Una vez más y en esta de forma especial, me detengo en su epílogo trascrito por D. Manuel en las palabras de Belmonte.
Maxi Mollá
En este hace referencia (sobre los años 1918-1920) a que “La bestia está dominada y vencida que ciertamente el toro está en franca decadencia. El toro de hoy no tiene ningún interés. Es una pobre bestia vencida”. asegurando que, ” Las corridas interesan cada vez menos, convirtiéndose fatalmente en un espectáculo de circo a modo moderno, o lo que, es decir, desustanciado” y perseverando que, ” lo salvaje y la angustia sublime se ha perdido. Que se torea mejor que nunca y con la técnica más perfecta. Siendo posible con cualquiera de los toreros de hoy, formar una pareja de “Ases” como aquellos famosos que formamos hace treinta o cuarenta años, y, sin embargo, los toros tienen cada día menos interés”.
Pero a pesar de todo esto y desde que en 1920 “Bailaor” matase en Talavera de la Reina a “Joselito El Gallo”, más de veinticinco matadores de toros (Más novilleros y banderilleros) y dieciséis corredores de encierros han resultado mortalmente heridos por asta de toro en las plazas de toros y en las calles de Pamplona.
Estos drásticos números, me vienen a la mente cada vez que escucho o leo palabras de desprecio y desprestigio hacia toros y toreros, y más aún, cuando recién finalizada la Feria de San Fermín 2018, escucho con demasiada frecuencia y de forma muy altanera la poca peligrosidad de los encierros.
Al igual que la tauromaquia, los encierros también han evolucionado y hoy son verdaderos atletas preparados física y mentalmente los que se enfrentan (rodeados de multitud de obstáculos e imprevistos) a toros capaces de recorrer los 875 metros en escasos dos minutos.
Así que, la tauromaquia y los encierros pueden parecer un ballet de artística visualización ordenada donde todo trascurre de forma premeditada, pero por la contra y a pesar de lo que parece, es un caos de circunstancias imprevisibles donde el hombre logra conjugar el arte y la tradición cultural, en un marco incomparable, donde una bestia puede trasformar la fiesta en pena, y la gloria en tragedia.
Por lo tanto, mi reflexión debe ir dirigida en torno a todo y todos los que hablamos a la ligera y sin evaluar sobre las evoluciones de matadores y corredores frente a este nuevo toro de una fiesta sin peligro aparente.









