Todo está inventado

Poco a poco, con más antelación puede que otros años, la temporada va viendo como se rellenan sus fechas y sus ferias adquieren contenido, forma y cuerpo. Las combinaciones para los distintos seriales van siendo presentadas, cada vez con fastos más tremendos, más pompa, boato, lo que es bueno y positivo, y anticipación, lo que ya no me parece tan bien, en según que casos.

La de Santander, hace unos días, se hizo pública y oficial, ofreciendo una programación que va desde el 18 al 25 de julio y que se sustenta en un soporte que se pretende original ¿Original? Nada hay original desde que el hombre se hizo presente sobre la faz de la tierra y, aun de forma inconsciente, sin hacerlo de manera deliberada o intencionada, las ideas se repiten, plasman y usan una y otra vez, pasan de mano en mano sin que muchas veces se sepa que ya han sido creadas, inventadas y utilizadas por otros.
En la música popular es algo muy habitual y frecuente -bien lo supo el pobre George Harrison, uno de cuyos temas más famosos, My sweet lord, resultó ser un calco de una canción de The Chiffons, He’s so fine, del año 1962, y tuvo que pagar las correspondientes multa e indemnización, aunque la coincidencia no se consideró un plagio estricto. O Led Zeppelin, varios de cuyos más grandes éxitos estaban tan inspirados en piezas de otros músicos que hubo también que repartir beneficios y royalties con los autores originales… a los que vino muy bien el buen funcionamiento comercial de la utilización de sus creaciones originales y que en su momento pasaron sin pena ni gloria- y hasta muchos pasajes de bandas sonoras de no pocas películas, si se presta un poco de atención, se descubren como adaptaciones -muy a menudo sin haberse tomado la molestia de disimularlo- de obras sinfónicas.
Es, cuando no hay clara voluntad de copia descarada, lo que Jung llamó “inconsciente creativo”, ya que, explicaba el psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, la psique humana tiene su base en determinados arquetipos heredados de nuestros antepasados, de la misma forma que el cuerpo físico consta de una estructura anatómica heredada y reproducida de generación en generación.  O sea, que puedes pensar que tu obra o pensamiento es original y resulta que un fulano ya había dicho o hecho lo mismo tiempo atrás sin que lo supieses…
Viene a cuento todo este rollo a la imagen en la que se plasman las combinaciones que dan forma a la feria de Santiago, una ilustración que representa a un toro saliendo de las olas del Cantábrico que baña Santander, la novia del mar que cantara Jorge Sepúlveda. Y que, más de 20 años atrás, en 2003, ya un servidor montó, por encargo de la entonces empresa gestora del coso de Monleón, Ruedo Valenciano, con Roberto y Rubén Espinosa al frente, como anuncio promocional de la feria de julio de Valencia de aquel año y en el que aparecía un toro abriéndose paso hacia la playa entre las tranquilas aguas del Mediterráneo.
Una casualidad que no tiene más importancia que la anécdota. Todo está ya inventado. No hay nada nuevo bajo el sol, frase ya citada en la Biblia y que tanto utilizara Miguel de Unamuno. Y que, por cierto, sirvió para dar título a una famosa canción del grupo chileno Los Bunkers, para seguir ilustrando con el asunto musical.
Como también ya parece todo inventado a la hora de combinar los nombres de los protagonistas que intervienen en todas y cada una de las ferias que se dan a lo largo de la temporada y en las que, con mínimas excepciones, aparecen, machacona y rutinariamente, los mismos nombres. Matadores ya cien veces vistos, que no dan lugar a la sorpresa y que seguirán circulando hasta que sean totalmente exprimidos por las empresas que, curiosamente, son las que les apoderan en su mayor parte, costando Dios y ayuda el que los nuevos valores que, afortunadamente siguen surgiendo a cada poco, tengan oportunidad y sitio para demostrar de lo que son capaces. Un poco de creatividad en este aspecto sí sería muy de agradecer.

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