Valor y torería de Jarocho que marra con el estoque.
Madrid, 27 de mayo.
Plaza de Las Ventas.
Decimoséptima de la feria de San Isidro.
Tres cuartos de entrada.
Toros de Pedraza de Yeltes.
Isaac Fonseca, de azul rey y oro, ovación tras aviso y silencio tras dos avisos.
Molina, de marino y oro, silencio tras aviso en los dos.
Jarocho, de tabaco y pasamanería blanca, ovación y silencio.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Toros de Pedraza de Yeltes, serios variados, con disparidad de matices en cuanto a casta, movilidad, celo y transmisión, que resultaron interesantes en su lidia. Jarocho demostró tener el conocimiento, valor, temple, ganas e inteligencia suficientes para enfrentarse a dos toros cinqueños, de muy distinta condición, y salir airoso del trance. Si su primero es áspero, complicado con tendencia a irse por dentro, allí está él para fijar los pies sobre el albero, enfrentándose sin probaturas con la muleta y cuajando excelentes pases por el izquierdo. Si le toca un segundo con transmisión y duración allí está para no obligarle, darle confianza, llevarle con mucho pulso y una vez metido en la muleta, administrar su tiempo, pasarlo con donosura, prestancia y templar por el derecho con suavidad, guiando su embestida por donde considere oportuno. Fonseca mostró decisión con uno que se defendió, en el otro después de ser violentamente volteado, volvió a la cara pasándolo con seis emocionantes pases de rodillas. Fernando Molina tragó por ambos pitones; su quietud pudo frente a la incerteza y escasa entrega de su otro astado.
Al primero de Isaac Fonseca le costó pasar en el capote optando por bregar con poderío hasta dejarle en el tercio. En varas cumplió. En banderillas saludó Iván García. Intentó Fonseca hacer las cosas bien con la muleta colocándose en el sitio y poniéndosela por ambos pitones, pero el toro tardeó, escasamente se desplazó y embistió soltando la cara. Exigió el torero, mandó y consiguió por el derecho pasarlo en series largas rematando con importantes pases de pecho. Su segundo manseó en varas. Brindó al público. Al iniciar de muleta le vino el toro muy cruzado, intentó darle un pase cambiado por la espalda siendo volteado con violencia. Dolorido y no recuperado del todo volvió a la cara instrumentando de hinojos, en el centro del ruedo, seis sentidos y vibrantes muletazos que enardecieron al público. El toro fue a menos, mermó su entrega y finalizó con dos arriesgadas manoletinas rematando por arriba.
El primero, cinqueño, de José Fernando Molina salió distraído y sin entrega, impidiendo el lucimiento con el capote. En varas se dejó. Con la muleta tiró del astado que se desplazó sobre las manos. Consiguió sacarlo de tablas e insistiendo lo pasó por el derecho saliendo suelto al final del muletazo. Se cruzó, tragó, probó distancias pero el escaso brío y nula transmisión no dio para más, aún mostrándolo por ambos pitones. A su segundo lo recibió por lances a pies juntos y verónicas dejándolo en el tercio. Derribó en la primera vara empujando en la segunda, con el picador situado junto a la puerta de cuadrillas. Cortó en banderillas hiriendo a Víctor Manuel Martínez. Brindó al público. En la muleta se mostró irregular y con desplazamiento medido, asentándose el torero, pasándolo con estatuarios, soportando cambios de ritmo del astado, haciendo frente a su incerteza con valiosos muletazos de a uno, conseguidos con disposición y entrega.
Jarocho en su primero inició de muleta directamente en los medios pasándolo por el izquierdo, derrochando valor, solventando coladas, luciéndolo con lentitud, temple y poderío, cuajando muletazos de buen trazo y mejor ejecución, pudiendo a su temperamental ejemplar. Su segundo tuvo calidad, transmisión y duración, mostrándolo en la tela con suavidad, lentamente, alargando mucho el brazo.







